9 nov. 2007

Alto Tajo, Río Dulce, Hayedo de la Tejera Negra y Barranco de la Hoz

En el apartado anterior ya señalábamos varios sitios, ahora nos gustaría ir desarrollándolos en diferentes apartados según su temática. En este caso, hablaremos de lugares donde lo más relevante es la naturaleza. Entre ellos destacan: el Alto Tajo, Parque Natural del Río Dulce, el Hayedo de la Tejera Negra y el Barranco de la Hoz, todos ellos en la provincia de Guadalajara.


PARQUE NATURAL DEL ALTO TAJO:

- Superficie (Hectáreas) : 176.265
- Término Municipal - Provincia de Guadalajara: Cifuentes, Sacecorbo, Esplegares, Saelices de la Sal, Riba de Saelices, Arbeteta, Valtablado, Ocentejo, Armallones, Huertahernando, Ablanque, Anguita, Cobeta, Olmeda de Cobeta, Selas, Torremocha del Pinar, Corduente, Valhermoso, Tierzo, Terzaga, Pinilla de Molina, Megina, Traid, Alcoroches, Alustante, Orea, Checa, Chequilla, Peralejos de las Truchas, Taravilla, Baños de Tajo, Fuenbellida, Poveda de la Sierra, Peñalén, Zaorejas, Villanueva de Alcorón. Provincia de Cuenca: Cuenca, Beteta
- Localización - En el Sistema Ibérico, entre la parte sur oriental de la provincia de Guadalajara y la nororiental de la provincia de Cuenca

El Alto Tajo presenta la mayoría de las características típicas de la Cordillera Ibérica, algunas de manera muy destacada e incluso produciendo formas y microformas exclusivas de este área. Destacan las formas vinculadas a los cauces tales como cañones, hoces -ambos muy abundantes- y terrazas, así como formas singulares de ladera, es decir, cuchillos, agujas y monolitos. En resumen, conforma la red de cañones y hoces continua más extensa de Castilla-La Mancha. Teléfono de Interés: 949 88 53 00

Es el sistema de hoces fluviales más extenso de la Región, con gran diversidad geológica, climática y topográfica, que se encuentra en un excelente grado de conservación y que constituye una de las cumbres de la biodiversidad castellano-manchega. Nos encontramos también el Monumento Natural del Nacimiento del Río Cuervo (en Cuenca) y la Microrreserva de Torremocha del Pinar.

La variedad de ambientes ecológicos existentes proporciona una gran variedad de hábitats para la fauna. De entre las aves destacan las rapaces: buitres leonados, cernícalos vulgares y gavilanes, seguidos de azores, águilas perdiceras y halcones peregrinos.

Entre los mamíferos se encuentran gatos monteses, rejones, nutrias, comadrejas y turones. De los micromamíferos son los roedores los más abundantes: ratones de campo, caseros, lirones, ardillas, seguidos de los insectívoros.

Es destacable también la presencia de 15 especies de reptiles, entre estos la salamanquesa comúna, el lagarto ocelado, la víbora hocicuda, lagartijas y culebras; nueve clases de anfibios y siete especies autóctonas de peces.

El Parque Natural del Alto Tajo se caracteriza por la gran diversidad florística, dentro de sus límites vegetan cenca de un 20% del total de especies presentes en la flora ibérica.

Son relevantes los extensos pinares de diferentes especies de pino, existiendo grandes masas de pino silvestre, laricio y resinero, superficies más reducidas de pinos carrasco. Las masa de pinares ocupan principalmente las cuestas de los valles fluviales y zonas de mayor altitud. Bajo la cubierta de los pinos encontramos quejigos, encinas y melojos. En la zona central del Parque, en las parameras calizas, se sitúan las masas de sabina albar.


El bosque de ribera está formado por álamos negros y temblones, sauces, olmos, tilos, avellanos, aligustres y abedules entre otras especies.

En el Parque podemos encontrar numerosas especies que han encontrado en salinas, turbera, charcas y laguna, roquedos y angostas gargantas, sus últimos refugios. Como ejemplo citar la Atropa baetica o tabaco basto y el Delphinium fissum subsp. sordium que cuenta en el Parque con una de sus últimas poblaciones y que están catalogadas como especie en peligro de extinción.
Temperaturas frescas y moderadas precipitaciones. Inviernos rigurosos y fríos y veranos cortos y suavizados por los cursos de agua, con una pluviometría relativamente escasa.
COMO LLEGAR:
Desde Guadalajara por la A-2 hasta Alcolea del Pinar (km. 133) para tomar la N-211 hasta Molina de Aragón. Desde aquí este punto podremos acceder a Taravilla, Peralejos de las Truchas, Checa y Orea.
También desde la A-2 hasta Almandrones (km. 103), donde nos desviamos por la CM-204 hasta Gárgoles de Abajo. Desde aquí continuamos por la CM-2115, por Trillo, hasta el cruce con la CM-2105 pasado Peralveche. Tomamos esta carretera y seguimos hasta Zaorejas, Peñalén y Poveda de la Sierra.
Desde Cuenca por la N-320 hasta Cañizares, donde tomamos la CM-202 con dirección Beteta; desde aquí se accede a Poveda, Paralejos y al Monumento Natural del Nacimiento del Río Cuervo.

RUTAS:

1. Una propuesta para pasar un día, sería ir al precioso paraje de la Virgen de Montesinos a pasar allí el día. Es un paraje quizás no de los más conocidos pero tiene mucho encanto, está en el término de Cobeta, sobre el valle del río Arandilla, y en un lugar de extraordinaria belleza, en que las altas rocas de arenisca rojiza se mezclan con la exuberante vegetación, está la ermita de Nuestra Señora de Montesinos.

Es un gran edificio de portón adovelado, con buena guarnición de hierros, y su interior cuajado de recuerdos marianos de esta venerada advocación, de la que se cuenta un origen legendario: se apareció María a una pastorcilla manca, y le ordenó que avisara al capitán moro Montesinos, que guardaba el fuerte castillo de Alpetea para el rey de Valencia, y le anunciara que ante él haría un gran milagro. La Virgen restituyó a la pastorcilla el brazo que le faltaba, y el capitán, impresionado, se convirtió al cristianismo y erigió en aquel lugar una ermita.

En ella se reunen las gentes de todos los lugares del entorno (Cobeta, el Villar, la Olmeda, Torremocha, Torrecilla, Selas, Anquela y Aragoncillo) en alegre romería la víspera de la Asunción. Es lugar que no debe dejar de conocer quien quiera llevar la mejor imagen de la Guadalajara inédita. Pero ha de hacerlo en excursión a pie, desde Arandilla, o desde Cobeta Sabrá mejor el recuerdo.



2. Otra propuesta, sería también para pasar un día. La ruta comienza en la localidad de Ocentejo, junto a la margen derecha Tajo, con las salinas de la Inesperada, desde donde se puede visitar el Hundido de Armallones. Seguimos camino hacia Sacecorbo, alejándonos del Tajo, para contemplar otro valle fluvial de gran belleza, la desembocadura del río Ablanquejo, donde se conserva una iglesia de estructura románica.


Nuestro siguiente destino es Riba de Saelices, población encaramada en un pequeño cerro que domina la confluencia de tres valles que forman la cabecera del río Linares, afluente del Tajo. Aquí se encuentra el paraje conocido con el nombre de Valle de los Milagros podremos observar curiosas formaciones rocosas monolíticas y también la Cueva de los Casares, declarada monumento histórico desde 1935, que contiene pinturas y grabados rupestres. La visita a la Cueva de los Casares se realiza bajo previa cita con D. Emilio Moreno (tlf: 949 304 006). Los días de visita son de Miércoles a Domingo y existe un límite tanto para el número de visitas diarias realizadas como el tamaño de los grupos.

Volvemos al cauce del Tajo, para llegar a Huertahernando, donde tenemos la oportunidad de acercarnos al pequeño poblado de trazado medieval de Buenafuente del Sistal y poder visitar su monasterio, o acercarnos por la ribera del río hasta el puente de la Tagüenza en una excursión a pie para descubrir uno de los paisajes más asombrosos del Alto Tajo.

Seguimos por la carretera hasta Villar de Cobeta, donde de nuevo encontramos excelentes vistas. Cruzamos a la margen izquierda del Tajo, por el puente de San Pedro, para alcanzar la localidad de Zaorejas, excelente punto de partida para la práctica del piragüismo y otras actividades deportivas.

De Zaorejas a Peñalén nos dirigimos bien por la pista que bordea el Tajo, de acceso restringido, o bien por carretera. Aquí encontramos magníficas áreas recreativas junto al río, con fuentes naturales.Nos dirigimos a Poveda de la Sierra, en cuya parte alta del núcleo urbano, precedido por su recinto amurallado, se encuentra la iglesia románica con una interesante portada con capiteles con decoración vegetal y animales fantásticos.

Por la pista forestal, siguiendo el curso del río, Laguna de Taravilla, escondida en el bosque y desde ahí vistar el pueblo de Taravilla. Pasando por Terzaga, donde encontramos muestras de las típicas casonas molinesas, nos dirigimos a Peralejos de las Truchas, uno de los enclaves más significativo del Alto Tajo, donde se pueden observar los majestuoso vuelos de los buitres.Un poco más adelante merece la pena desviarse a la izquierda para visitar los pueblos serranos regados por el río Cabrillas.
Primero nos encontraremos Chequilla, enclavada en un llamativo paraje, se encuentra entre formas rocosas de arenisca roja este bello conjunto urbano. Una serie de casas aisladas entre sí y su. iglesia parroquial, en la que destaca un retablo barroco y su excepcional plaza de toros, tallada completamente en la roca. Después está Checa, situada a 1373 m. de altitud, cuya La Plaza Mayor es un magnífico conjunto de arquitectura tradicional molinesa. A 9 km. siguiendo el cauce del Cabrillas, llegamos a Orea, el pueblo más alto de la provincia, enclavado entre frondosos pinares.

PARQUE NATURAL DEL RIO DULCE:

A ocho kilómetros de Sigüenza, en dirección hacia la autovía de Aragón, visitamos la villa de Pelegrina, cuyo nombre significa “bella perspectiva”. Entre los siglos XII y XVIII fue residencia veraniega de los Obispos, quienes mandaron construir un castillo en lo alto del espigón que separa los valles del río Dulce. Hoy sus ruinas coronan uno de los más bellos parajes de la zona, convertido en parque natural.
El Parque está recorrido por una hoz del mismo río encañonada a su paso por los pueblos de Jodra, Pelegrina, La Cabrera y Aragosa. El páramo típicamente alcarreño, de edad Jurásica y Cretácica, está cubierto por encinares y quejigales más y menos abiertos y envejecidos, salpicados por pequeños sabinares y rebollares más residuales. Además de zonas arbustivas con cambrones, aliagares, tomillares y esplegares.

La continentalidad climática y los suelos poco evolucionados sobre calizas y dolomías condicionan la existencia de comunidades vegetales especializadas en sobrevivir en ambientes particularmente duros. Además son importantes en estas zonas rocosas las comunidades de plantas rupícolas y glerícolas que ocupan, respectivamente, los numerosos escarpes y gelifractos activos.

Éstos forman una importante área de nidificación para el águila perdicera, la real, el alimoche, el buitre leonado, el halcón peregrino o el búho real. En el fondo del valle los retazos de bosque en galería ensombrecen y dan vida al curso del río. Sauces, chopos, fresnos y arces, y una extensa repoblación de chopo negro de variadas tonalidades a lo largo de las estaciones. Aves riparias como la oropéndola, el mirlo acuático, el martín pescador o las lavanderas revolotean entre los arbustos buscando frutos o tejiendo su nido. Además las aguas claras y rápidas de este río crean un nicho adecuado para la trucha común, la nutria o el desmán de los Pirineos.

En la carretera, un mirador erigido en memoria de Félix Rodriguez de la Fuente, nos permite disfrutar de la belleza de las vistas, sobrevoladas por garzas y buitres. Este impresionante paisaje tiene su continuidad en La Cabrera, situada a escasos kilómetros, donde se dibuja caprichoso un horizonte de altas paredes rocosas bordeando el Río Dulce.

Para más información:
Teléfono 949 88 53 00


EL HAYEDO DE TEJERA NEGRA (CANTALOJAS)

Fue convertido en Parque Natural en 1978, aunque ya cuatro años antes había sido declarado Sitio Natural de Interés Nacional. Durante la Guerra Civil fue prácticamente esquilmado, así que será difícil encontrar esos imponentes ejemplares que en otros parajes más septentrionales del país engrandecen las superficies boscosas y las tintan de un colorido característico. Pese a ello, el tradicional aislamiento de estas tierras y las escasas comunicaciones existentes han convertido al macizo de Ayllón y su hayedo en un enclave natural de un alto interés botánico, animal y paisajístico.

El color del macizo es predominantemente gris, marcado por los lanchares de pizarra. Lo recogen en sus perfiles los pueblos desperdigados de la comarca: estamos en la Guadalajara de la arquitectura negra. Villacadima es hoy un pueblo semi abandonado al borde de la carretera que nos conducirá hasta Cantalojas. Por contra, su Iglesia de San Pedro, del siglo XII, es, junto con la de Campisábalos y Santa Coloma de Albendiego uno de los exponentes más importantes del románico rural de esta serranía.

El emplazamiento del Centro de Interpretación de la Naturaleza se distingue fácilmente en mitad de un pequeño bosque de encinas centenarias. Ahí podremos recoger información sobre la Tejera Negra y recibir explicaciones detalladas acerca de la fauna y la flora del Parque Natural. Quedan unos 20 minutos de conducción por una pista forestal hasta el aparcamiento, junto al cauce del río Lillas, donde se han trazado dos rutas.

Es mejor optar por el itinerario principal, llamado Senda de Carretas, que le llevará por el valle del Lillas hasta el collado del Hornillo. De aproximadamente dos horas y media de duración, ayuda a hacerse una idea precisa de la riqueza del bosque. Está bien señalizada a través de pequeños paneles que informan sobre las distintas especies que habitan este ecosistema. Conviene llenar las cantimploras en la fuente del aparcamiento, ya que no encontraremos otra en todo el recorrido.

Si se va en otoño más vale abrigarse, porque la caminata es larga: casi tres horas a buen paso. El otoño es tiempo de fiesta en este parque natural. Siempre vienen las visitas (en fin de semana hay que reservar) y siempre muestra el traje de los domingos, los tonos ocres, la muda de la piel.
En realidad, el haya es una especie propia de las zonas húmedas, superviviente de los bosques que cubrieron la Península tras las glaciaciones. Verla ahora tan al sur es una rareza, un tesoro al que nos acercamos con tiento y asombro.

La senda de las carretas es el itinerario principal. La salida está en el aparcamiento, y a partir de ahí seguimos la orilla izquierda del Lillas, entre pastizales y pinos.

En el punto en que un arroyo verte sus aguas sobre el Lillas, giramos a la izquierda, hacia el corazón del bosque. El camino se hace entonces empinado. Lo mejor es tomárselo con calma y disfrutar del entorno, del brezal, los robles, los helechos y de la peculiar arquitectura de las carboneras (la obtención del carbón a partir de la madera es un uso recurrente y tradicional).

En Tejera Negra llueve mucho, más que en los alrededores, pero irregularmente. El relente de las primeras horas se nota en los huesos. Afortunadamente, la ascensión termina y deja paso otra vez a la izquierda a una senda ecológica que permite recobrar la respiración y saborear el paisaje: ejemplares de saúco, tejo, mostajo, jara y, por supuesto, de haya.

El regreso, cuesta abajo, nos entrega el último regalo: una vista para enmarcar de la sierra, del valle del río Zarzas, el otro itinerario posible cinco horas con la mochila a cuestas de este corazón verde en el árida Castilla.

CÓMO IR: Por la N-I y luego la N-110 hasta Riaza y Ayllón. Una vez aquí, la C-114 dirección Atienza. Hay que tomar el desvío de Galve de Sorbe, que nos conduce a Cantalojas.
Reservas (imprescindibles en fin de semana). 630367990 636666138 636981323 638317099


EL BARRANCO DE LA HOZ:

LA RUTA Y EL PAISAJE
Desde Molina, ciudad declarada conjunto histórico-artístico, hacia el sudoeste, hay que elegir caminos, el de sabor medieval, por la plaza Mayor con su "Horma" o mirador de carácter renacentista, la Casa Consistorial edificada en el siglo XVI-XVII, conservando aún su puerta principal que resistió al pavoroso incendio de los franceses, la antigua iglesia de Santa María del Conde, hoy reconstruida con su exterior neo-clásico y su torre de similitud mudéjar; desde aquí hacia el barrio de la Soledad, recuerdos de una simbiosis de pueblos, embrujo en el ambiente, el Gallo que se hace caz y río, agua y fantasía con encanto moruno, casas con alerones y fábrica musulmana, anhelos recortando palabras con "suras" del Corán y cánticos que bordean los muros y alminares de un imaginario "almuecín". Más allá, el "Castil de Judíos", adormecido bajo la protección de la ancha muralla del siglo XIII que cerraba la ciudad. Allí la añoranza se recrea, el recuerdo juega entre casas apretujadas y goza la aurora con palabras diáfanas por calles empinadas, y memorias de 'jambas"o "mesusas" que surgían como flechas indicadoras de la desaparecida sinagoga, para poder sentir la lectura de la "Tora".

Hay otra salida de la ciudad hacia la ruta en que nos encontramos. Me refiero, al camino a seguir por Santa María la Mayor hacia el "Puente Viejo", de origen romano, remodelado en la Edad Media y más tarde en el siglo XVII; desde aquí, por la conventual de San Francisco, joya valiosa del gótico molinés, construida en 1283 (siglo XIII), con reformas posteriores en los siglos XVI-XVII en el interior y del XIX en el exterior, en donde destaca su torre con la parte superior neoclásica; desde esta típica plaza, la búsqueda del río Gallo se expresa en el camino hacia occidente.

EL BARRANCO DE LA HOZ

Es un devenir de curvas y recodos cincelados por el tiempo, es una armonía de hoces con paredes verticales que llegan a alcanzar hasta 150 m. de altura con cuerpos de piedra rodeno (areniscas), en las que la erosión ha jugado hasta esculpir curiosas y caprichosas formas completando una imaginaria "ciudad encantada". Recordemos: a la entrada del desfiladero, la "Cueva de las Herraduras", extraños símbolos grabados sobre el suelo, que para muchos tienen un significado religioso; la roca de "la Virgen", maravillosa silueta natural representando a María; a la izquierda de la margen del río "el Rey", voluminosa peña que imagina un monarca coronado; de nuevo en la orilla derecha, el "Huso" y la "Tinaja" , formaciones de conglomerados semejando estas figuras; son dignas de mención, la "Corbetera", la "Visera", sombra y monolito sobre el santuario; el "Aljibe", etc.

Torete (966 m.), en el centro de este ramal del futuro "Parque Natural del Alto Tajo", más abajo de la confluencia del Gallo y el Bullones, es rosa de primavera, aliento entre laderas de epopeya y bordados de bosques, refugio de pescadores, capricho del valle con una arquitectura popular y centro de un entorno de paisajes naturales y recurso de excursionistas.

A partir de Torete, lo angosto discurre a través del Lías, las montañas rodeando con sus calizas dolomíticas del Cretácico, con panoramas escarpados, ruiniformes, casi siempre grandiosos y siempre bellos. En el serpentear del río, en rincón bucólico, una necrópolis del periodo de Hallstatt (sin estudiar) y presidiendo en el alto del cerro Cuevas Labradas (1054 m.) con su iglesia de sencilla fundación medieval. Hacia el horizonte un mar verde - azul abrazándose al Gallo-Tajo que poco más abajo se unirán en el lugar conocido como "Las Juntas", en el Puente San Pedro, cuyo trayecto más corto para llegar y de forma más cómoda es siguiendo la carretera de Corduente hacia Zaorejas.

Hay en toda la zona una capa de monte bajo, gris y esmeralda; una fragancia del respirar vegetal, un vergel que une a las Sexmas del Sabinar y la Sierra: desde Torremocha del Pinar a Corduente y Torete una selva de pinos pinaster con sus gruesas cortezas de pizarras y su abundante ramaje surgiendo del tercio superior del árbol, acompañados de otras especies como las gayubas y los níscalos. Desde Ventosa a Cuevas Labradas y a Lebrancón, el pinaster se asocia al pino silvestre y al roble y como rellenando el todo de esta parcela del Señorío de Molina, el boj y la prehistórica sabina.

Acariciando al río, en paralelo ambos con el camino, un séquito de choperas desde Molina al Tajo, una procesión de tilos, sauces y pinos que en el ensanchamiento del lugar elegido se entremezclan, se potencian, se extienden por las laderas y hacen sustancia y cuerpo, vega, montaña y piedra.

En el cobijo peregrino, allí donde el espacio es mayor, murallones de conglomerados granates abren su seno en lo bravío del desfiladero; los árboles prolongándose en inverosímiles posturas, la hierba engendrando aroma, las flores silvestres y zarzamoras crean-do églogas por el sotobosque, el sol forjando destellos y en las noches claras entre rincones y laderas un espejo plateado de lunas y estrellas.

LA LEYENDA
La estatua de Nuestra Señora de la Hoz, es para muchos autores, una pieza de gran antigüedad y valor; y la remontan a la época romana o visigótica.

En el año 1129, Alfonso I de Aragón, conocido como el "Batallador" conquistó Molina y su Tierra. Entre los años 1139-1150 se formó en estas tierras un Estado Independiente bajo el gobierno de D. Manrique de Lara y su esposa Dña. Ermesenda de Narbona. Fue en el rayar de estos años cuando debió ocurrir el sublime milagro.

Ocurrió un día de aquellos años de la primavera molinesa, era cuando el horizonte de la historia se confundía con el ocaso de la leyenda; un vaquero de Ventosa, perdió una mañana una vaca de su rebaño, presto salió en su búsqueda introduciéndose en el espesor del bosque, allí, le sorprendió la noche en lo más abrupto del desfiladero, la inquietud imperó, el temor se apoderó del zagal, hasta que de pronto, de tres pequeñas apófisis que sobresalían de una gran roca surgió un gran resplandor, una luz divina que cegó sus humanos ojos e iluminó la ya adulta noche; acercóse el pastor y con gran asombro descubrió que inmóvil la res, se encontraba bajo la imagen de la Virgen, que sobre un pedestal natural quiso salir de su refugio para gozo del vaquero y suerte del entonces significado Señorío de Molina. Al amanecer, fue el de Ventosa a narrar lo sucedido, pero en la aldea ya conocían los hechos ya que otro pastor del pueblo, que había pernoctado cerca del sitio de los acontecimientos, vio cuanto sucedió. Pronto el milagro se explicó por los pueblos comarcanos, naciendo un amor y devoción por este rincón que desde entonces será venerado por los molineses para siempre.

La talla de la imagen fue llevada a su antiguo templo que según unos era el de San Martín y según otros el de San Miguel, iglesia que desapareció en el año 1924.

Sigue diciendo la tradición que por mandato del Concejo de Molina y por deseo de los fieles molineses, se dio lugar a la traslación con la mayor solemnidad colocando la estatua en la iglesia de San Martín (también se dice en la iglesia de Santa María de San Gil o en la de San Miguel).

Trasladada la talla quedó en Molina aquella noche, pero al día siguiente con gran asombro observaron los feligreses que ya no se encontraba allí, ya que milagrosamente se hallaba de nuevo en el rincón de la aparición. Llevada por segunda vez y colocada en la misma iglesia, la imagen fue velada con el mayor sigilo durante aquella noche, pero de nuevo desapareció para tornar al lugar milagroso.

Estos hechos, llevaron a que los primeros señores de Molina abriesen una vereda y limpiasen la anchura del barranco de malezas y otras hierbas, para poder construir allí una ermita que se llamó entonces de Santa Maria de Molina, para poder en ella meditar y rogar.

Desde entonces los peregrinos del Señorío así como de Aragón y Castilla vinieron y vienen a venerar y orar a la Madre de Dios.

LA HISTORIA
El Santuario de Santa María de Molina, que así se llamó en el siglo XI, aparece documentalmente por primera vez en el año 1168. Más tarde, en 1172 D. Pedro Manrique cambia el cenobio por la mitad de la villa de Beteta al obispo Joscelmo de Sigüenza. En 1176, el mencionado D. Pedro Manrique, hace al lugar unas donaciones de dos molinos que hay bajo el puente que está sobre su palacio, para que sirviese de mantenimiento a la Casa. En 1195, el segundo Señor Molinés, confirma el anterior cambio de la mitad de Beteta por Santa María de Molina. En 1197, el obispo seguntino D. Rodrigo escribe sobre los nombramientos de capellanes de Santa Maria de la Hoz de Molina, documento que por primera vez denomina al santuario de esta forma. El Prelado nombró como capellanes a los sacerdotes Bernardo v Guillermo.

En el año 1230, el tercer señor molinés, D. Gonzalo Pérez y su mujer Dña. Sancha, regalan a la Hoz, los molinos de Entrambasaguas, aumentando las rentas para poder celebrar el culto.

Una serie de acontecimientos socio-económicos de la época, añadidos a serios asuntos internos de Ovila, llevaron a que poco a poco se fuera abandonando este rincón del Gallo.

Alejandro VI, concedió a D. Fernando la administración de la casa, la ermita, y las rentas, limosnas, legados y emolumentos que pertenecieron a esta fundación por diversos títulos. La muerte de Alejandro VI paralizó de momento tan magna obra, pero poco más tarde su sucesor, el Papa Tulio II, confirmó en un documento el de su antecesor.

Se nombró primer "Patrón" de la Hoz a D. Fernando, quien pronto hizo renacer las romerías e incrementó el número de visitantes al rincón sagrado y por ello pensó en crear una Capellanía para que se diera culto en el santuario.

La Capellanía se fundó en 1546 y fue su capellán D. Andrés Pérez.

Tras las Leyes de Mendizabal, se suprime el patronato y el obispo de Sigüenza tuvo que nombrar una "Junta de Administración" constituida por el arcipreste de Molina, el párroco de Ventosa, un tesorero, un capellán del santuario y el sucesor del patronato de Burgos. Al morir éste, el obispo D. Carlos Ramírez de Arellano, formó otro patronato con el cura de la extinguida iglesia de San Miguel de Molina, el arcipreste de Molina, el párroco de Ventosa.

EL TEMPLO

Incrustado bajo una enorme masa rocosa, como San Juan de la Peña y otros monasterios del mismo tiempo, se encuentra el Santuario de la Hoz, en su conjunto de arquitectura gótico -renacentista con fuertes rasgos rurales.

Desde la plazoleta exterior, descanso del Gallo, se introduce el peregrino hacia la iglesia, por un arco de medio punto coronado por dos conocidas décimas dedicadas a María, más adentro, una amplia escalinata nos conduce a la entrada del templo cuya puerta principal, es de estilo gótico primitivo (siglo XIII) sobre su ojiva hay una inscripción en caracteres del mismo estilo bajo un escudo, que representa un águila.

El interior de una sola nave, tiene bellas bóvedas ojivales denunciando claramente en sus arcos y nervaturas una falta de simetría debido a la ampliación efectuada en el siglo XVI, hecho que se incrementa en la antigua capilla. Los arcos fajones en su crucería representan los escudos del Concejo y del Señorío de Molina.
Ingresando en el templo, se aprecia una ventana que da a la roca en la que está incrustada la pared interior de la iglesia y que sirve para señalar el punto exacto en el que estuvo el escenario, según la tradición, de la aparición de la Virgen a los zagales de Ventosa.

El altar mayor, es un magnífico retablo dorado barroco de comienzos del siglo XVIII. En este altar se encuentra la talla de la imagen; se trata de una estatua de madera, todo su busto escultura entero, de excelente calidad; el ropaje está formado en el mismo relieve y pintado. El rostro de la Virgen y el Niño son morenos y tienen señales de haber estado encajados en alguna silla o retablo. Se trata de una talla románica del siglo XII, hierática, entronizada como asiento de la divinidad; el divino niño lleva en su mano izquierda un pomo.
Desde el presbiterio, en panorámica desde la sacristía, se aprecian dos altares, (entre la reja y el altar mayor), que son dedicados a la Purísima y a Santa Teresa, ambos coronados hacia lo alto, por bóvedas de las que penden de cautivos liberados de África, como es el caso de las que según la tradición, llevó Pedro Abad en Argel. A los lados del presbiterio, están adosados dos cuadros que representan las rogativas de los vecinos de Tierzo y los de Molina respectivamente.

Fuera de las rejas del presbiterio, a derecha e izquierda de la puerta principal de entrada al templo, existen dos altares consagrados a San Blas obispo y mártir y a San Antonio. El altar de San Antonio, se construyó en el antiguo altar de Santa Ana, que fue ordenado construir por Martín Cortés, tapicero mayor de la Emperatriz de Austria, Dña. María, hermana de Felipe II. Quedan como testimonio de aquel de Santa Ana, dos retratos de bella factura sobre tabla con personajes de los años del monarca citado, el uno y el otro representan una mujer enlutada orando. Esta tabla posiblemente fue pintada a finales del siglo XVI, indicando la sepultura del que allí aparece retratado.

El altar de Santa Teresa posee un precioso cuadro al óleo de la Virgen de Avila, posiblemente donado por la familia de los Rivas.

Detrás del altar principal está la sacristía por la que se accede, a través de una escalera del siglo XIX, a dos habitaciones que sirven de entrada al camerín de la Virgen. En las paredes de estas habitaciones penden numerosos motivos de agradecimiento y exvotos de cera, así como la Bula que S.S. Clemente VIII dió a los miembros de la "Cofradía de Esclavitud de Nuestra Señora de la Hoz", en febrero de 1602. Esta cofradía se extinguió en el siglo XVIII.

En el exterior del templo, existen otros edificios que con él, forman un patio interior; conjunto con gran mérito arquitectónico e inapreciable valor paisajístico: la parra cariñosamente abrazando el oratorio; las flores engendrando ramas de amor; el agua de la fuente en canción eterna; la poesía imaginando vergel del cielo, la roca siendo techo y cobijo, y el silencio de la meditación inundando al pensamiento abarcando el todo.

En el siglo XVI, en la reforma que realizó Fernando de Burgos, se construyó la casa del santero con una sola planta, a la que se entra por puerta con arco de medio punto que recuerda un sabor románico y que guarda armonía con la ermita. También se construyó en esta época una "hospedería" para los peregrinos y ermitaños, hoy muy modificada, por posteriores reconstrucciones no muy bien logradas; aún deja ver en las paredes del patio y en habitaciones de la planta baja, numerosas decoraciones platerescas en yeso, con detalles arquitectónicos y ornamentales del siglo XVI, algunos grotescos, el escudo del Cabildo Eclesiástico y un delicioso friso esgrafiado en yeso, con escenas bíblicas, mitológicas y de caza, típicos del renacimiento.

ROGATIVAS, ROMERÍAS, DANZAS Y LOAS

La rogativa que el Ayuntamiento de Molina y el Cabildo Eclesiástico de esta ciudad, realizan el 1º de Mayo al Santuario de la Hoz, conocida con el nombre de "Butrón", es uno de esos casos, en donde sus principios se remontan a través del tiempo, arrollando siglos.
La causa, una peste o calamidad que se cernió sobre el Señorío molinés, mediante la cual los pueblos del territorio se dirigieron a su patrona Nuestra Señora de la Hoz que realizó el milagro.

¿Cuándo tuvo lugar con exactitud este acontecimiento?: es algo que hoy se desconoce. Documentalmente no existe pergamino o nota que nos aclare este misterio. Unos historiadores se inclinan porque la rogativa se efectúa desde tiempos de la aparición de la Virgen en el siglo XII; otros, creen que comenzó en los años de Dña. Blanca, en el siglo XIII.

En la copia del testamento de Dña. Blanca que realizó Francisco Díaz en 1474, hay una nota que dice: "También en esta villa de muy antiguo tiempo acá tiene prometido y hecho un voto la dicha villa de hacer una procesión a la ermita de Ntra. Sra. de la Hoz el primer día de mayo de cada año en servicio de Dios, nuestro Señor, y de su bendita Madre y en veneración de aquella santa y devota ermita, a la cual suelen acostumbrar ir a la dicha procesión el Cabildo de los Señores clérigos de la dicha villa y muchos vecinos particulares de ella y otras personas".

También del siglo XV, existe un documento, que es una solicitud de Molina al Prelado de Sigüenza, en demanda de que le concedieran la procesión acostumbrada en la fiesta de la rogativa. El documento está fechado en 1654.
En sus principios el "Butrón", era una rogativa en la que todos los vecinos molineses tenían la obligación de enviar a ella un individuo de la familia. Era dirigida por el Cabildo Eclesiástico y por las autoridades civiles y judiciales de la época. Comenzaba la procesión en Molina y sin interrupción llegaba al Santuario. En 1501, se dice, hubo una gran mortandad y el Butrón tomó de nuevo gran pujanza.

En 1762, D. Antonio Moreno en su libro "La Nimpha más celestial en las márgenes del Gallo", describe la rogativa tal como era en su tiempo: "Es costumbre inconclusa, que en este referido día (1º de mayo) a las 6 ó 7 de la mañana, hora en que regularmente se citan, y se convocan ambas comunidades Ayuntamiento y Eclesiástico Cabildo salgan procesionalmente de la Iglesia de Santa María la Mayor de San Gil de esta Villa para el Santuario. Proceden así con la mayor circunspección, y compostura hasta la plazuela del Convento de San Francisco, en donde se separan de ambas Comunidades aquellos individuos que están destinados para ir al Santuario. Va representada esta Noble Villa en su Corregidor, o Alcalde Mayor, dos caballeros Regidores, sus Comisarios, su Procurador Síndico General, Alguacil Mayor, y otros como uno de los Escribanos del Ayuntamiento y el Receptor de Propios de la Villa. Acompaña al Señorío el Ilustre Cabildo Eclesiástico representado en su Abad y dos Capitulares que eligen con cinco capitulares del Cabildo".

Actualmente, se sigue celebrando la tan querida rogativa del Butrón. El mismo día del 1º de mayo, tras reunirse las autoridades municipales y eclesiásticas de Molina, junto al Patronato de la Virgen y a cuantos ciudadanos lo deseen y tras trasladarse en sus vehículos a la entrada del Barranco, hacen procesión hasta la ermita; allí se desarrollan los actos cívico-religiosos, tras los cuales el Ayuntamiento invita a los ciudadanos a pan, sardinas y vino. Más tarde, tiene lugar la procesión final, con la que se despide la rogativa.

Hay otras romerías en el Señorío:
- la que celebra Rueda de la Sierra el primer domingo de mayo;
- la de Tierzo, que en el día que el pueblo señala dentro del mes de junio, salen a la una de la madrugada encapuchados y vestidos de blanco, dirigiéndose a la Hoz. Esta procesión se la conoce con el nombre de "los capirotes".
- Odón, antiguo pueblo que componía el Señorío de Molina, hoy en la Provincia de Teruel, venía a visitar a la Virgen de la Hoz, el segundo día de Pentecostés; ésta romería se ha mantenido hasta 1936, aunque posteriormente ha habido intentos de recuperación, ya es costumbre perdida, y hoy aún se recuerda con cariño a los "danzantes de Odón".

El primer domingo después de Pentecostés, todos los molineses del Señorío se reúnen, tras múltiples romerías, para celebrar la fiesta de la Virgen de la Hoz, la "fiesta de las danzas y la loa".

Las danzas son de procedencia celtíbera y en ellas se aprecia el antiguo significado del rito fertilizante y fecundante:
− La danza del "paloteo", que tiene su origen en las luchas celtíberas;
− la de las "espadas" tiene antecedentes mitológicos,
− la de las "varas" o "cadena", que comienza en un corro, después forman un túnel y termina en una plataforma o torre sobre la que se eleva un "Ángel", es la mitificación del bien sobre el mal, que tomará su verdadera importancia en las "loas".

LA LOA
La Loa es un auto sacramental mezclado con numerosos fragmentos cómicos, pero que declara abiertamente la lucha entre el "Bien" y el "Mal" en un medio claramente pastoril. Las piezas son varias y se procura representar cada año una, hasta completar el ciclo. En todas ellas, de forma simpática y amena, terminan alcanzando el único fin de la representación, la victoria de las fuerzas del bien sobre el mal y la exaltación en honor y loor a la Virgen, y así van desfilando a través del escenario pastores, ermitaños, zagales, mayorales, peregrinos (el gallego, el zamorano), bailarines, diablos y diablillos, la muerte y el Angel; el blanco y resplandeciente rayo representa el bien emanado del Cielo, que para honrar a Nuestra Sra. de la Hoz, llega en defensa de los inocentes, pastores o devotos peregrinos, salvándoles del mal infernal y mandando a los demonios al abismo de los infiernos.

Estas "Loas" emanadas en el Medievo, toman importancia y constancia en sus representaciones a partir del siglo XVI

1 comentario:

albatros dijo...

Paso todos los años por los alrededores de Medinaceli y en una de las ocasiones visité la población. Monteagudo de los Infantes es otra de las poblaciones que han llamado mi atención. Ancha es Castilla y muchos sus encantos. Sl2