31 mar. 2009

Escapada cultural y gastronómica a Segovia

El pasado sábado 21 de marzo, con el pretexto de ver a dos de nuestros mejores amigos, pasamos el día en la bella Segovia. Al vivir ellos en Alcalá de Henares y nosotros en Valladolid, decidimos que esta linda ciudad castellana sería un buen punto intermedio para pasar el día y disfrutar de nuestra mutua compañía.

Aunque todos habíamos estado en Segovia hacía años, con el colegio o con la familia, nos pareció mucho más cuidada y mejor conservada. Quizás sea por el hecho de estar dentro de la importante lista de Patrimonio Mundial de la Unesco por su espectacular Acueducto romano, o quizás por el buen hacer del consistorio...

Desde Valladolid, fuimos por la reciente autovía que une estas dos ciudades castellanas por lo que el viaje fue rápido y cómodo. Antes de llegar a la ciudad ciudad, una bella panorámica nos dió la bienvenida, increíble y buen modo de ir abriendo boca!

Cuando estábamos buscando sitio para aparcar, nuestros amigos nos llamaron para avisarnos que llegarían más tarde, cosas del tráfico que se le va a hacer! Desde hace tiempo, queríamos visitar una iglesia que despertaba nuestra curiosidad y casualidades o no del destino, llegamos a ella casi sin querer, buscando un sitio donde dejar el coche.

Se trata de la Iglesia de la Veracruz que está camino de Zamarramala. Fundada por los Caballeros de la Orden del Santo Sepulcro en 1208, aunque la tradición popular se la viene, desde tiempo inmemorial, atribuyendo a los Templarios. La iglesia de planta dodecagonal posee un interior muy sobrio y emocionante, con un halo misterioso. Tiene dos plantas con bóveda de crucería al estilo musulmán, y restos de pinturas. Su modelo más directo es la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén: tanto en forma como en función; esta iglesia no fue construida para ser templo parroquial ni capilla monástica: es más bien un santuario... o más concretamente, lo que se llama un "martyrium": un templo dedicado a evocar la muerte y resurrección de Cristo.

La verdad es que tiene un halo de misterio que la hace única y una visita de lo más interesante al pasado y a esa parte de la historia no tan conocida. Sólo se celebra el culto en ella en bodas y demás celebraciones sociales y el día de Viernes Santo con la procesión del Cristo Yacente y el Lignum Crucis (lo que se supone que es una astilla de la verdadera cruz de Cristo), que comienza en la iglesia de Zamarramala ( el pueblo, ya barrio, que se encuentra en lo alto de la serpenteante carretera que hay junto a la Vera Cruz). Es una procesión espectacular con antorchas y cánticos: y los caballeros de la Orden de Malta acompañan al Cristo vestidos con el uniforme de la Orden.

Como casi todo en Segovia, la Vera Cruz también tiene su leyenda: Se dice que recién inaugurada la iglesia murió un caballero de la orden y que se le dejó dentro de la iglesia durante toda la noche antes de ser enterrado. En un descuido de los demás hermanos de la orden, dejaron solo el cadáver... los grajos entraron en la iglesia y se ensañaron con el cuerpo, que quedó destrozado. Al regresar, el prior de la orden puso el grito en el cielo y espantó a las aves a la vez que las echaba una maldición para que no volviesen a aparecer por la iglesia... la leyenda asegura que nadie ha vuelto a ver grajos sobre el tejado de la Vera Cruz.

Horario:
- Primavera-Verano: Martes tarde a domingo: 10.30 - 13.30h y 16.00 - 19.00h.
- Otoño-invierno: Martes a domingo: 10.30 - 13.30h y 16.00 - 18.00h.
Entrada: 1.75 €

Y tras visitar este curioso paraje cercano al Santuario de la Virgen de la Fuencisla y al Monasterio de los Carmelitos descalzos, fuimos en dirección al Alcazar para ver si conseguiamos aparcar el coche, al final nos tocó dejarlo por la zona nueva no muy lejos de la Iglesia de San Millán. Y es que en Segovia resulta aparcar entre el turismo y la dichosa línea azul...

De camino al centro, visitamos la Iglesia de San Millán, construida a imagen de la Catedral de Jaca, y que posee una torre que conserva restos de un edificio anterior, de estilo mozárabe. Es una iglesia curiosa e interesante de ver.


Y de ahí directos al Acueducto, imagen indiscutible de Segovia. Fue construido para conducir hasta Segovia el agua de la Sierra y su construcción fue atribuida al diablo por la leyenda.

En la plaza del Azoguejo el Acueducto presenta su máxima altura y los arcos, a lo largo de una serie de 43, se hallan dispuestos en dos órdenes. Pueden observarse las dos hornacinas, una de ellas ocupada por una imagen de la Virgen y las huellas de las inscripciones con letras de bronce de las cartelas, cuya lectura no ha sido descifrada totalmente. Dsde lo alto de la escalinata, en el Postigo del Consuelo, se observa todo el trazado de la obra y una impresionante vista de la ciudad. Es el punto donde los arcos vuelven a desaparecer, aunque los canales continúan por la zona alta de la ciudad, hasta el Alcázar.

En la Plaza del Azoguejo es donde se halla también una de las postales más conocidas de Segovia, el restaurante Cándido, famoso por su cochinillo.
Mientras esperábamos que llegaran nuestros amigos, subimos por la Calle Real, la calle principal de la ciudad, la de más tránsito y comercio, por la que subimos hasta la Plaza Mayor. Arteria principal de la ciudad, recoge un interesante conjunto arquitectónico que, partiendo de los siglos XV y XVI, llega hasta comienzos del siglo XX. Era típico el caserío medieval, de hasta cuatro plantas de altura, que se construía sobre solares largos y estrechos, con la planta baja dedicada al comercio. Una estrecha escalera, a la que se accede por una puerta situada en un extremo de la fachada, al estilo musulmán, conducía a las viviendas. Esta tipología urbana se conserva en la actualidad, pero sus fachadas originales de materiales pobres se cubrieron con esgrafiados a partir del siglo XIX.

La primera parada es el Mirador de la Canaleja desde el que se contempla la montaña de la Mujer Muerta y el Barrio de San Millán. Ese día, la vista era preciosa con las montañas nevadas de fondo en contraste con el sol y el buen día que hacía. Frente a él la fachada del Teatro Cervantes, limitada por un cubo de la muralla. A pocos metros está La Casa de los Picos, hoy Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. Junto a este edificio, haciendo esquina, está el Palacio de los del Río (s XVI). Continuando por la Calle Real, en la pequeña Plaza del Platero Oquendo se alza el Palacio del Conde Alpuente, de fines del siglo XV. Siguiendo por la callejuela a rebosar de turistas, llegamos a La Alhóndiga, edificio del siglo XV que fue almacén de cereales y que en la actualidad, además de acoger al Archivo Municipal de la ciudad, se ha convertido en sala de exposiciones y centro en el que se celebran diferentes actividades de carácter cultural.

De vuelta a la Calle Real aparece la Plaza de Medina del Campo, interesante conjunto arquitectónico con una configuración en niveles que recuerda a las plazas italianas y poblada de elegantes edificios, entre los que destaca la Iglesia de San Martín. En la plaza se encuentran casas nobles de varias plantas, con techumbres de madera, patios porticados y fachadas de granito con los blasones tallados en piedra. Destacan entre ellas la Casa de los Solier y la Casa de Bornos, ambas del siglo XVI. Junto a ellas aparece el Torreón de Lozoya (s. XV), con altiva torre rectangular de tipo defensivo. La conocida como Casa del siglo XVy la Casa de los Mexía Tovar (s. XVII), son otros ejemplos de los palacios que configuran esta plaza. Una estatua de Juan Bravo, situada en el primer tramo de la escalinata, y dos esfinges neoclásicas de piedra con cabeza y busto de mujer y cuerpo de leonas, conocidas popularmente como Las Sirenas, completan la variopinta estética de la plaza.

La última parada antes de pisar la Plaza Mayor es la Plazuela del Corpus, dominada por el convento del mismo nombre, que fue la antigua Sinagoga Mayor. La Plaza Mayor, corazón de la ciudad, fue fruto de la política urbanística del siglo XVII. Denominada Mayor desde 1461, vio modificado su aspecto a causa del hundimiento de la iglesia de San Miguel, acaecido en 1523. Dicha iglesia, que estaba situada en el centro de la Plaza, se reedificó en un lateral de la misma, lo que ha dado al ágora segoviana su forma actual.

La Ordenación trazada está dominada por la presencia del Ayuntamiento (1610), con su fachada de granito, torres con chapiteles de pizarra y reloj con campanas. En la plaza se encuentra el Teatro Juan Bravo. Junto a él se alza la Iglesia de San Miguel, de estilo gótico, con elementos románicos del primitivo templo. Casas construidas en torno a 1930 rodean el perímetro de la plaza y le conceden un perfil regular y agradable que se engrandece con la imponente presencia de la Catedral.

Y desde ahí, bajamos de nuevo sorteando la marabunta de gente, hacia el Acueducto, lugar de encuentro con nuestros amigos, quienes tras tomarnos algo en un bar cercano, felizmente llegaron. Y directos a comer, menos mal que teníamos mesa reservada porque sino difícil lo hubierámos tenido...

Comimos en el restaurante Duque, maestro asador desde 1985 y que está en la Calle Real. Vaya comilona! Nosotros nos pedimos de primero judiones de la granja del Duque (qué de sustancia con su chorizo, morro, lomo...), nuestro amigo Andrés pidió una sopa castellana y Sara debido a su estado de gracia, pidió sólo cochinillo. Por supuesto luego todos comimos cochinillo de segundo, imposible describirlo... y para finalizar postres y cafés. La verdad es que fue cara la comida pero teniendo en cuenta el sitio y que es Segovia es caro, así como todo lo que nos pusieron, creemos que fue razonable, lo recomendamos!

Y para bajar la comida, subimos por la calle Real hasta la Catedral y seguimos bajando por la Calle Marqués del Arco, actual núcleo de comercio turístico (cerámica, cestería, cobre), esconde bajo su suelo las canalizaciones del Acueducto, hasta llegar al Alcázar.

Nosotros pasamos de largo la Catedral así como el Alcázar porque ya lo conocíamos y porque sobre todo lo que queríamos era charlar de nuestras cosas y ponernos al día de nuestras vidas, pero quien no los conozca, merecen la pena. La Catedral cuesta 3 € y el Alcázar 4 €.

Una vez llegamos a la Plaza Mayor, nos sentamos en una terraza a charlar tranquilamente y ver pasar la vida por este bello entorno. Antes de volver a nuestras respectivas ciudades un último vistazo al Acueducto, y un café con tortitas para terminar este feliz día en una bella ciudad y rodeados por dos muy buenos amigos... en breve serán tres.

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