16 jul. 2008

II Diario de nuestro Viaje a Nápoles y Costa Amalfitana, Abril 08

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DIA 3:

Para hoy teníamos pensado visitar Pompeya y Herculano, así que tras desayunar, paramos en un supermercado para comprar algo con lo que hacernos allí un bocata y agua.

Para llegar a Pompeya, tomamos la "autostrada" A3, y en una media hora, llegamos a la salida que marcaba Pompeya. Cuando llegamos, dejamos el coche en un parking cercano (2,50€/h) y listos para comprar los tickets. Visitar sólo Pompeya costaba 11€ y 20€ para ver Pompeya, Herculano y tres ruinas más, así que compramos éste que nos salía mejor simplemente viendo Herculano.

Nada más entrar, ya se ven restos de edificios impresionantes. Nosotros accedimos or la Puerta Marina que era por donde se salía al mar. Lo primero que se ve, es el Templo de Apolo y el de Venus. El siguiente edificio es la Basílica que es un edificio enorme pegado al costado del Foro y su utilidad estaba vinculada a éste, ya que ahí se impartía justicia en los pleitos de carácter civil y comercial.

Así, llegamos al Foro, el verdadero centro de la vida social, económica y política de Pompeya. Está rodeado por importantes edificios administrativos, y al fondo están los edificios de la administración pública, compuestos de tres amplias salas, las salas laterales para las votaciones de los magistrados y la central donde se guardaba el tabularium o archivo de leyes.

En un lateral, que debió ser el granero, es donde tienen acumulados restos de anforas, vasijas y moldes de gente carbonizada por la erupción del Vesubio. Otro gran edificio es el Macellum, o mercado cubierto de la ciudad que se abría también al Foro. También nos llamó mucho la atención, la mesa de medición. Otra construcción muy interesante, son las Termas del foro que estaban divididas entre las masculinas y las femeninas.


Visitamos las ruinas, subiendo y bajando por distintas calles (algunas cortadas por las obras de restauración), todas bien trazadas, con grandes piedras redondeadas, con sus pasos de cebra característicos y con el ancho para que pudiesen pasar los carros. Quizás las calles no sean lo más espectacular del yacimiento, pero realmente son muy curiosas y muy bien hechas para la época.

Entre las casas más destacadas, se encuentra la "Casa del Fauno", cuyo nombre se debe a la estatua que hay en la entrada y era la casa de mayor tamaño de Pompeya. La "Casa del Poeta Trágico" es famosa por su mosaico de la entrada, que representa a un perro guardián con la inscripción "cave canem" (=cuidado con el perro). La "Casa de Pansa" que era un poderoso comerciante, ocupa toda una ínsula. También destacan, la "Casa del Horno" donde se conservan cuatro muelas de lava y algunos conductos de agua utilizados para la preparación del pan.

También pasamos cerca de la Puerta de Herculano, que era la que pasaba por la carretera que unía Pompeya con Herculano, y desde allí, visitamos la "Villa de los Misterios". Está fuera del recinto y es que era una villa en el campo, alejada del centro de la ciudad. Es muy famosa por sus frescos, gracias a los cuales se ha descubierto cómo pintaban en la época romana.

De camino hacia el centro del yacimiento, en una zona abierta al lateral de la calzada, decidimos parar a comer y descansar un rato, que visitar estas ruinas la verdad es que agota un poco, ya que son muy grandes, hacía mucho calor y en las cosas más importantes estaba hasta arriba de turistas (no nos imaginamos cómo estará esto en verano!). Y tan contentos de disfrutar de una comida tan bucólica viendo estas impresionantes ruinas, proseguimos con la visita.


Volviendo sobre nuestros pasos, pasamos de nuevo por la Puerta de Herculano para visitar algunas casas importantes que nos quedaban, como "la casa del cirujano" porque allí encontraron instrumentos quirúrgicos. La "Casa de los Vettii" que es una de las mejor decoradas, si bien estaba cerrada por restauración, aunque si que pudimos ver uno de los frescos más famosos de Pompeya, "Príapo" el dios de la fertilidad, que está justo en el lateral de la entrada y que muestra al dios, pesando en una balanza sus atributos.

Bajando hacia el Anfiteatro, visitamos el "Lupanar" que era un prostíbulo. En Pompeya se han catalogado más de 25 establecimientos de este tipo, aunque éste fue el único construido para tal fin. En la entrada de cada habitación, hay frescos con distintas posturas que eran las que se practicaban en él. El precio era de entre 2 y 8 ases (un vaso de vino en aquella época costaba 1 as).

Desde allí pasamos por el Teatro Grande, a sus espaldas está el Templo de Isis, que es un edificio de elegantes proporciones, y en el patio hay una escalinata que lleva al altar columnado en forma de templete donde había nichos para las figuras de Anubis y Harpokrotes.

De camino al Anfiteatro, pasamos por la Palestra que era un gimnasio. El Anfiteatro, está ubicado cerca de la muralla sureste y en una posición no muy céntrica para poder regular mejor la afluencia de espectadores. Tenía capacidad para unos 20.000 espectadores y su graderío estaba dividido en tres sectores: "ima cavea" para la gente importante y con gradas de mármol, y la media y summa que estaban invadidas por la vegetación. Allí se celebraban sobre todo, combates de gladiadores.

Subiendo otra vez hacia la Puerta Marina, pasamos por otra Palestra, la más grande, con forma cuadrangular y piscina en el centro. Desde allí y sorteando los numerosos grupos de turistas y escolares, llegamos hasta la salida.

Nos ha dejado alucinados! Ahí si que aprecias cómo debía ser la vida en una ciudad romana y cómo eran por dentro sus calles, casas...

Y tras sacar el coche del parking, por la autostrada en dirección a Herculano. Llegamos en 30 minutos. La zona arqueológica, está frente al mar y hay que atravesar el pueblo. Así que aparcamos el coche en un calle cercana y a visitarlo.

Herculano es un yacimiento más pequeño y menos turístico. Para llegar a las ruinas, atravesamos una pasarela y desde arriba, se pueden ver las casas enteras con dos pisos, balcones, el trazado de las calles... impresionante!

La visita es más breve ya que es más pequeño, pero cuenta con unas Termas decoradas con bonitos dibujos y divididas como siempre en masculinas y femeninas, éstas últimas más pequeñas. Un edificio destacable es el "Colegio de los Augustales" que eran unos exclavos liberados que rendían culto al emperador Augusto. También hay un gran número de casas, todas ellas conservadas de forma increíble.


No es tan turístico ni popular como Pompeya, pero es muy bonito y está menos masificado por lo que la visita es mucho más agradable.

Y cansados ya, decidimos camino de Nápoles, que al ser nuestro último allí, haríamos el esfuerzo de ir a comer una pizza en Di Matteo y una sfogliatella. Así que dejamos el coche cerca del Castillo del Ovo, y caminando por la Plaza del Plebiscito hasta la Via Toledo, donde paramos en Pintauro a comernos unas deliciosas sfogliatella. Las calles estaban muy animadas y eso que era lunes.

Qué de pizzas, casi no sabes cual elegir, pero al final nos decidimos por una Margarita de bufala DOC y por una ripiena (rellena de jamón york y champiñones), qué buenas!!!

De vuelta al coche, las calles ya estaban medio vacías, pero es que aunque parezca increíble, Nápoles también descansa. Cansados pero satisfechos, nos llevamos el mejor de los recuerdos de Nápoles, su vida alocada, su decadencia encantadora y un carácter propio díficil de definir, nosotros diríamos que toda una forma de via especial como es la napolitana...


DIA 4:

Tras levantarnos y desayunar, dijimos adiós al hotel y empezó ya nuestra andadura de nuevo. Dejamos atrás Nápoles y su caótico tráfico, y tomamos dirección ya a la Costa Amalfitana, si bien antes haríamos una parada en el Vesubio.

Para llegar al Vesubio, cogimos la subida que sale de Herculano. La carretera es un poco cutre, pero según íbamos ascendiendo y llegando al Parque Nacional del Vesubio, la carretera iba mejorando y estaba ya como más cuidada. Eso sí, no parábamos de subir y subir!

Antes de llegar al parking, había un atasco de narices, todo porque los autobuses aparcan en la carretera que no es demasiado amplia que digamos... pero bueno, al final llegamos. Por dejar el coche en el parking nos cobraron, pero vamos, muchísimo más barato que en Pompeya.

Y ya con las entradas en la mano, para arriba! Vaya frío y que aire hacía, encima al principio llovió un poco. Si bien lo peor, la cuestecita... para darnos algo! Parecía que nunca llegásemos, pero lo conseguimos.

Desde el primer sitio donde se llega, se ve el cráter más o menos y una pequeña fumarola, pero para verlo mejor decidimos rodear más el cráter. Además el camino parece mucho más tendido, la verdad es que una vez arriba, nuestro consejo es rodearlo todo porque el gran esfuerzo es subir, arriba todo es mucho más tendido, y merece la pena, al fondo hay muchas más fumarolas y las vistas son mejores. Si bien reconocemos que pensábamos que se vería algo más, pe
ro eso es sólo en las películas!

La bajada es mucho más llevadera, de hecho tenemos que ir medio frenándonos. En uno de los puestos que hay al lado del cráter, compramos una botella de vino "Las lágrimas del Vesubio", según cuenta la leyenda, el Diablo cuando se cayó del cielo, cayó en el Vesubio por eso se creo el volcán que es la entrada al infierno. Los ángeles lloraron al ver lo que pasaba, por eso el cráter se apagó y sus lágrimas son las que dieron lugar a las viñas de las que sale dicho vino... muy bonita historia.

Y tras un tentempié, de nuevo al coche con rumbo a la Costa, nuestra primera parada sería Sorrento. Vaya paisajes y vaya color tan bonito que tiene el agua!


En Sorrento aparcamos el coche al lado más o menos del centro, y a visitar la ciudad! Camino del centro ya notamos que había muchísimos turistas, debían estar todos los que echamos en falta en Nápoles.

Lo primero que hicimos por la hora fue comer, lo hicimos en un restaurante que había en la plaza principal, en la terraza. Un sitio correcto, pero más caro que Nápoles y que otros sitios.

Menuda mala suerte que tuvimos, se pusó a llover! Pero aún así visitamos las callejuelas de Sorrento, llenas de souvenirs para los turistas. Se nota que es una ciudad turística, si bien de un turismo más de lujo, vaya hoteles!

Antes de marcharnos de Sorrento, justo enfrente del coche, compramos una cafetera napolitana, toda una manera diversa de tomar el café! Y ya rumbo a la Costa Amalfitana!

Vaya carretera, si bien al principio fuimos entre prados y arbolitos, todos ellos limoneros, normal que hagan tanto limoncello. Cuando llegamos a la costa costa, nos quedamos gratamente sorprendidos, vaya montañas y todo súper verde! Eso sí, vaya curvitas y con el mar justo debajo, quien se maree... mejor con biodramina!

Camino de Praiano que era donde teníamos el hotel, pasamos al lado de Positano que está lleno de coches en la carretera, normal, tiene todas las casas colgando de la montaña! Praiano también tiene las casas medio colgando, para nuestra fortuna, el hotel estaba en llano.

Tras registranos en el Open Gate, dejamos nuestras cosas en la habitación que tenía vistas al mar y decidimos ir a Amalfi para comprarnos algo de cena. Amalfi está un poco más en llano, pero sus casas están también apretujadas. Dejamos el coche en el parking que hay en el puerto, y fuimos a buscar algo que comprarnos de cena.

Pasamos al lado de la Duomo que es impresionante. La primera impresión que tuvimos de Amalfi es que era muy acogedora y con mucho encanto...

Encontramos un súper donde compramos un par de cosillas para cenar, y para el hotel a descansar y coger fuerzas para seguir disfrutando del viaje...

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