2 abr. 2009

Diario de nuestro viaje a Rumania III

Seguimos con nuestro relato del Viaje a Rumania en el verano de 2008, viene de 1º Parte y 2º Parte.


DIA 4:
Qué manía tiene esta gente de no poner persianas ni cortinas oscuras.... a las 7h ya es totalmente de día, así era imposible dormir hasta más tarde! Pero bueno, habíamos dormido bastante bien y tras recoger todo y pagar a la señora, ya estábamos de nuevo en ruta.

Ese día queríamos ir a Sarmizegetusa - Densus - Hunedoara - Sebes - Calnic - Sibiu. Lo malo es que cuando íbamos camino de Tárgu Jiu, al ir a parar cerca de la carretera para desayunar a la sombra, pinchamos una rueda con un hierro que había en el suelo, vaya desastre! Alberto tuvó que cambiar la rueda, mientras pensábamos que nos íbamos quedar tirados en medio de la nada... encima para colmo, la rueda de repuesto era de las que sólo valen para hacer unos cuantos kilómetros, vaya gracia...

Pero bueno, al llegar a Tárgu Jiu, vimos un sitio de ruedas, preguntamos y no hubó problemas, nos la cambiaron en el momento por un precio muy muy económico y tras unas horas de incertidumbre, pudimos volver a disfrutar del paisaje y de nuestro viaje.

Decidimos no visitar Sarmizegetusa ni Densus por el tiempo perdido, así que desde Tárgu Jiu fuimos a Petrosani. Tanto Tárgu Jiu como Petrosani, se nota que fueron ciudades industriales potentes, pero las fábricas cerraron y ya no volvió la economía a la ciudad, porque vaya ruina... Para llegar a Petrosani, hay que ir por carreteras montañosas y al lado del río, el paisaje es precioso, pero entre las obras que había y la carretera en sí, tardamos mucho.

De ahí, fuimos a Hunedoara, la periferia fue toda una sorpresa, y es que hay una comunidad romaní muy importante y se han hecho unas casas impresionantes, con uos tejados de chapa en plan palacio oriental de lo más curioso, digno de ver.

El motivo de visitar esta ciudades su castillo. La tuvimos que atravesar, se nota que era una ciudad industrial y que se ha ido al traste, pero sólo por el Castillo merce más que la pena! Se llama Castelul Corbenestilor, y realmente parece de película de miedo! Eso sí, se notaba que no había nada de turismo porque estaba muy mal indicado. Estaban reparando el puente de acceso, por lo que para entrar nos tuvimos que meter medio entre la maleza, un desastre sobre todo porque es precioso.
Por dentro está vacío, entre un incendio y demás, no conserva gran cosa, pero si lo restaurarán bien, sería precioso y espectacular... mucho más bonito y tétrico que el de Bran.



Tras recorrerlo entero, como se nos había hecho un poco tarde, decidimos quedarnos a comer en el restaurante que hay al lado del castillo. No tenían carta, así que la señora como veía que no nos entendíamos, nos saco unas salchichas, filetes de pollo y mititei (salchichas pero de carne picada), para ver que queríamos. Decidimos tomar unas mititei con cartofi (patatas) y unas cervezas, todo muy rico y casero 100%.


Y de vuelta al coche, ahora hasta Sebes, ciudad de pasado sajón, donde parece que estés más en Centroeuropa que en Rumania. Queríamos ver la Iglesia Evangélica, que es de las más importantes de Transilvania, pero estaba ya cerrada! La echamos un vistazo por fuera, y vaya calor que hacía!Nuestra última parada antes de llegar a Sibiu, era Calnic que es un pueblecito que tiene una iglesia fortificada, patrimonio de la Humanidad. El pueblo en sí, resulta curioso porque es una calle circular con las casas pegadas, de modo que el círculo de dentro, serían los patios de las casas.

La Iglesia está como a un lado, por las pintas, el señor que la enseña vivie al lado, y cuando nos vió fue presto a enseñárnosla. Más que una iglesia es una fortaleza, y es que la iglesia románica está rodeada por una muralla triple. Es un lugar con mucho encanto y muy bien conservado. Además de ver la iglesia, que no tiene mucho, subimos a una de las Torres de Vigía y luego visitamos la torre central que la tienen muy bien conservada como museo, con cosas tradicionales y antiguas.

Y ya hacia Sibiu. Esta ciudad es mucho más grande de lo que creíamos. Seguimos por la carretera en dirección Bucarest, en búsqueda de nuestra Pensiunea Edelweis, que está fuera de Sibiu pero es muy nueva y estaba muy bien. Dejamos allí las cosas, y nos fuimos para el centro para visitar un poco la ciudad. Es un poco desastre, casi no señalan donde está el centro, pero al final lo encontramos. Aparcamos el coche cerca de la Basílica ortodoxa y nos encaminamos a buscar la plaza famosa.

Esta ciudad parece alemana! Se notaba también que el año anterior, fue la Capital Cultural Europea porque lo más cercano a la Piata Mare, está muy cuidada. La Piata Mare es preciosa, con sus casitas en tono pastel, sus terrazas, la Casa Haller y la Iglesia Católica. Además en el centro, han puesto chorros de agua que suben y bajan, lo que la da mucho encanto y mucha diversión para los más peques que se refrescan con ellos.










Al lado está la calle peatonal, llamada Strada Nicolae Balcescu, que tiene un montón de terrazas y edificios preciosos. Nos sentamos en una terraza a cenar, una especie de donner kebap, lo mejor es ver pasar a la gente que parece que estuvieran un poco desfilando... muy curioso.

Y de ahí a la pensiunea a descansar y relajarnos hasta el día siguiente...

DIA 5:
Nos levantamos pronto, no quedaba otro remedio ya que en este país no se lleva lo de poner persianas y a las 5.30h ya entraba un sol radiante por la ventana, pero bueno. Tras ducharnos, bajamos a desayunar: embutido, huevos cocidos, pan, mermelada, mantequilla y café con leche. Y después de pagar nos marchamos para visitar Sibiu a fondo, si bien el día anterior ya nos habíamos situado un poco y nos habíamos hecho una idea de cómo era la ciudad.
Dejamos el coche bien aparcado, y subimos por una calle hacia el centro, encontrándonos un edificio impresionante, el Altes Rathaus, que fue el antiguo Ayuntamiento y que ahora es el Museo de Historia, tiene un patio precioso. En el lateral de este edificio unas escaleras, nos conducen a la parte baja de la ciudad. Aquí las casas son más bajas y los tejados tienen las tejas muy marrones, algunas casas parecen que en los tejados tengan ojos porque tienen unas ventanas muy pequeñitas. Ahí se nota claramente que Sibiu es una ciudad de origen sajón, en alemán se llama Hwermannstadt.

Subimos hacia la parte alta y llegamos a la Piata Mica o Plaza Pequeña, dominada por la Torre del Consejo (1588) y por edificios del siglo XV y XVI, y por un imponente edificio, la casa Hermes.

Pasamos bajo la torre y salimos a la Piata Mare (Plaza Mayor) que es el corazón de la ciudad, rodeada de palacios y tejados a dos aguas. En el lado derecho, la Iglesia romano-católica. En el centro, tiene una fuente que nos llamó mucho la atención con sus chorros de agua que salen del suelo y que eran la delicia de pequeños y mayores.

En la cercana Plaza Huet, visitamos la Iglesia Evangélica de estilo gótico, lo malo es que la estaban restaurando por dentro y no pudimos ver el impotente órgano, ni los laterales de la nave, pero bueno admiramos un fresco que hay en el coro (La Crucifixión del siglo XV).

Paseamos por las calles, para visitar la Iglesia Ortodoxa, ahí nos sentamos un rato para ver los ritos que hacía la gente y que a nosotros nos resultan muy curiosos e interesantes. Desde allí, paseamos por las calles de la zona baja y entramos a ver una iglesia que nos parecía un poco en ruinas. Entramos y el párroco, nos explicó que la estaban arreglando poco a poco y que antiguamente era evangélica pero que ahora es ortodoxa, también nos cantó para que pudieramos admirar la buena acústica del recinto, un encanto el hombre! Esta iglesia estaba pegada a un asilo o centro de ayuda.

Volvimos hacia la Plaza Mayor, donde nos tomamos un tiempo de relax en un terraza mientras nos tomábamos un refresco. Nos lo pasamos genial, viendo a los peques jugar en la fuente.... menudo se lo pasaban!Y de ahí fuimos a ver el tramo de la muralla que aún se mantiene, hay dos torres también, la de los Carpinteros y la de los Arcabuceros. Tras la muralla, está el foso, ahora transformado en un parque. Siguiendo la calle, llegamos a la Plaza Unirii, de donde parte la Calle Nicolae Balascu, peatonal y con edifcios palaciegos que acogen tiendas y restaurantes. Esta calle estaba llena de terrazas, de hecho ahí fue donde cenamos la noche anterior.

Sibiu nos pareció una ciudad muy homogénea, cuidada y limpia, muy recomendable de visitar!

Decidimos ir a por el coche, y comimos en un McDonald´s cercano. Y así dejamos Sibiu para ponernos rumbo a Sibiel. Sibiel es un pueblo muy bucólico al que en la época de Ceausescu traían a los turistas, para que vieran lo bien que se vivía en el campo rumano. Es un pueblecito e origen sajón, con casas muy bonitas y un paisaje idílico!

Desde allí, volvimos a Sibiu en dirección a Brasov, nuestro siguiente destino. La distancia no es mucha, pero toda la carretera estaba en obras y cada dos por tres nos tocaba parar, pero al final llegamos en unas dos horas, el paisaje era precioso.

Nos resultó muy fácil encontrar la Pensiunea Italiana que teníamos reservada, ya que está en la calle que lleva al centro y que también estaba en obras. La anfitriona ya nos estaba esperando y nos dio una habitación súper amplia y sin ventanas (genial, dormimos fenomenal por fin!).

Dejamos allí nuestras cosas y nos fuimos a dar una vuelta para situarnos y cenar algo tranquilamente. La impresión que nos dió Brasov es que es una ciudad más comercial, con más ajetreo que Sibiu y menos cuidada. Tiene también muchos edificios tipo palacetes de antiguos comerciantes muy bonitos. La ciudad está a los pies de unos elevados montes.

Llegamos hasta la Plaza Statului (Plaza del Consejo), que es una amplia plaza cerrada al tráfico, y la principal postal que se ve de Brasov. En el centro, se alza la Casa Statului citada por primera vez en 1420! Tiene una imponente torre con reloj, una fuente muy original y al fondo se ve la Iglesia Negra. Llegamos hasta su puerta, pero ya estaba cerrada así que la veríamos al día siguiente. Bajamos por una calle peatonal que sale de la Plaza, la calle Republicii, todo el centro de la calle está lleno de terrazas muy chics y con unos sofás enormes. Alucinamos un poco, porque la gente iba como muy arreglada, parecía que fuese fin de semana... Llegamos hasta el final de la calle, hay edificios realmente bonitos, aunque con tanta terraza casi ni se aprecian y la gran mayoría necesitaban una restauración urgente.

Decidimos sentarnos en una terraza y cenar, nos sentamos en la Pizzería Roma a comernos unas pizzas que estaban muy buenas, mientras veíamos el ir y venir de la gente. Y de ahí a la Pensiunea que el día fue agotador y necesitábamos descansar y relajarnos un poco...

CONTINUARA...

2 comentarios:

fmanega dijo...

Veo que al final no pudisteis ir a Sarmizegetusa. Yo no lo conozco pero por lo que he oido no creo que este demasiado bien cuidado.

Ah, y sobre lo curiosos que os resultan los ritos ortodoxos, no se si llegasteis a ver alguna boda. Son de lo mas extrañas y lo se por experiencia pues yo me case por ese rito...:-)))))

Anaís Sanz dijo...

Buenas!
Pues estas navidades voy a ir con mi novio a Hunedoara, espero que el castillo se pueda ver en dignas condiciones :P
Saludos