29 abr. 2008

Diario de nuestro Viaje a Nápoles y Costa Amalfitana, Abril 08

Este ha sido nuestro viaje más reciente, y aunque tenemos otros pendientes de compartir con vosotros, queremos compartir este ahora que tenemos todo reciente y también porque aún sentimos añoranza de esta zona tan bella de Italia.

El motivo de ir allí, fue la cercanía ya que sólo teníamos una semana de vacaciones y porque a los dos nos fascina Italia.

Casi todo el viaje lo planeamos por internet: el vuelo, los hoteles, el alquiler del coche... También recaudamos información de esta región (Campania) escribiendo a los diferentes pueblos de la zona, en especial, el área de turismo de Ravello nos ayudó muchísimo, gracias! Así mismo la opinión de diferentes viajeros en foros (lonely planet) nos sirvió de mucho para planificar nuestra ruta, gracias a todos ellos.

INFORMACIÓN ÚTIL:

Vuelo: lo sacamos con Easy Jet, de Madrid a Roma (Ciampino).

Coche de alquiler: lo cogimos con Europcar, directamente en el aeropuerto de Ciampino y lo devolvimos allí también. Lo alquilamos a través de la web de Easy Jet. Pagas una parte por adelantado y el resto cuando lo recoges.

Alojamiento:

- Pozzuoli (al lado de Nápoles): Mini Hotel.
Via San Gennario Agnano 66.
hab doble/noche: 75€ con desayuno incluido.

- Praiano (entre Amalfi y Positano): Open Gate.
Via Roma 52.
hab doble/noche: 70€ con desayuno incluido y con vistas al mar.

- Frascati (afueras de Roma): Villa Mercede
Via Tuscolana 20.
hab doble/noche: 49€ con desayuno incluido (a través de la web de booking, era una oferta)


DIA 1:

Cogimos un taxi a las 5h para llegar al aeropuerto de Barajas, como no había nada de tráfico, llegamos en 15 min y a las 5.30h ya habíamos facturado, muy eficientes los de Easy Jet. Desayunamos en la cafetería que está abierta a esas horas y alas 7.15h cogimos el avión. Llegamos puntuales a las 9.30h al aeropuerto de Ciampino de Roma, y tras recoger las maleta, salimos del aeropuerto para ir a recoger el coche que habíamos alquilado con Europcar (8 días por 207€).

No tenían muy indicado donde estaban las casas de alquiler de coches, así que se lo preguntamos a un carabinieri, quien nos indicó que estaban en un parking exterior. Así que hacia allá que fuimos y tras hacer los trámites en la oficina, ya teníamos nuestro mini coche, un Lancia Ypsilon, muy cuco. Y en un plis plas ya estábamos en la "autostrada" camino de Nápoles, nos quedaban 220km para llegar hasta allí.

El trayecto es muy bueno, y a las 12.30h yas estábamos en Nápoles (11€ de peaje), ahora nos quedaba encontrar nuestro hotel en Pozzuoli. Esto nos costó un poco más, pero tras preguntar a varias personas (María habla italiano), conseguimos llegar al hotel. El hotel es pequeñito y se notaba que debió tener una época de esplendor y ahora ha venido a menos, pero estaba limpio y la habitación tenía vistas al mar y a las islas del Golfo de Nápoles.


Tras dejar las cosas en la habitación, nos lanzamos a visitar Nápoles. Llegar desde el hotel es muy sencillo, y en el trayecto ya comprobamos que la gente conduce como locos y las motorino tienen un peligro de cuidado porque se meten por todos los lados.

Entramos por la costa, y lo primero que vimos fue el Castel dell´Ovo, una inmensa mole de piedra que parece totalmente inexpugnable.

Lo primero de lo que te das cuenta es que las casas están colgadas de la colina que se abre al mar, como si todas quisieran tener su balcón mirando al mar.

Aparcamos el coche en una zona tranquila cerca del Castel dell`Ovo y nos ponemos a patear la ciudad. Eran cerca de las 14h, así que decidimos ir directos a la Pizzería da Matteo (María ya había estado allí). Para llegar hasta ella, ya fuimos cogiendo el puslo a la ciudad. Casas destartaladas, calles con suciedad y muchos buscavidas, pero nos gustó, es una ciudad viva. La gente está en la calle, pitidos de coche constantes, motos a toda pastilla... vida.

Llegamos a la Piazza del Plebiscito, es muy grande y abierta, con unos soportales con columnas al fondo, la Iglesia de San Francesco di Paola y en la otra cara el Palacio Real, que estaba muy sucio y en estado decadente.

Pasamos por las Galerias de Umberto I, son espectaculares, con una gran bóveda acristalada, con escayolas, ventanas decoradas y unas fachadas interiores elaboradas, lástima que uno de los laterales estaba en obras. María comenta que las de Milán son más lujosas pero éstas le parecen más reales y como más cercanas, no tan lujosas.

Subimos por la Via Toledo, está llena de gente y tiendas, también de pakistaníes y africanos vendiendo bolsos, cds, collares... Así llegamos hasta la Piazza Dante donde había un grupo de niños jugando al fútbol, y nos metimos por la Puerta D`Alba, era una de las puertas de la antigua muralla de la ciudad.
Seguimos ahora por Via Tribunali y sin parar llegamos a la pizzería Di Matteo, según muchos, una de las mejores de la ciudad. Pedimos la pizza napolitana por excelencia, la Margarita y una Marinata, con cerveza y agua. El sitio es un poco cutre pero limpio, y los camareros rápidos y atentos. Qué decir de la pizza? Pues, madre mía, que como pueden estar tan buenas! La Margarita sólo lleva la masa, tomate, basilico y queso, y la Marinata la masa, tomate y orégano... y todo por 10€!!!

Cerca está la Iglesia de San Lorenzo Maggiore, así que fuimos a verla. Es una de las más importantes de Nápoles por sus vestigios grecorromanos y porque es una de las más veneradas.

Desde ahí y siguiendo la Via Tribunali, bajamos hasta la Via del Duomo para ir a ver la Duomo (catedral). Cuando llegamos, lo que más nos sorprendió fue que la escalinata de entrada estaba repleta de gente sentada mirando como unos niños jugaban al fútbol, los cuales estaban ajenos por completo al tráfico, a los turistas que esperábamos que abrieran las puertas, totalmente competitivos ya desde pequeños (Alberto cree que por eso es normal que ganen los mundiales).

La Duomo es muy bonita, con las paredes adornadas con mármol de colores y con las capillas del patrón de Nápoles, San Genaro, y de Santa Restituta. Ahí va la gente a venerar el milagro de San Genaro. Dos veces al año, el relicario que contiene las ampollas con la sangre de San Genaro, ve como ésta se licua. La capilla es como una pequeña iglesia dentro de otra, muy rococo. La de Santa Restituta también está muy decorada.

Tras ver la Duomo, bajamos por la Via del Duomo hasta tomar la calle Biago dei Librai, una calle muy típica, con tiendas a los laterales de comestibles, pastelerías, de souvenirs...

Antes de llegar a nuestra siguiente parada, la iglesia de San Domenico Maggiore, hicimos una parada para probar uno de los dulces más típicos de Nápoles, "la babá". Es una especie de bizcocho borracho con licor de limón. Lo compramos en Scaturchio y en nuestra opinión está de muerte!

Y así, visitamos San Domenico Maggiore que es una iglesia que está en el centro de Spaccanapoli, mezcla de gótico y bárroco.

Estábamos ya muy cansados, eran muchas emociones para un sólo día, por lo que decidimos regresar a por el coche. Las calles estaban abarrotadas de gente que camina indiferente ante los otros peatones, les da lo mismo que las motorino les pasen a centímetros, parece que todos piensan que el que quiere pasar, te va a esquivar...

Por la Via Toledo, pasamos al lado de Pintauro, que según dicen inventaron la sfogliatelle y que son las mejores. Así que compramos dos y dos babás que nos llevamos al hotel. Bueno, aún nos quedaba la aventura de llegar al coche entre miles de napolitanos paseando...

Cuando por fin llegamos al hotel no nos lo podíamos creer, nos habíamos recorrido medio Nápoles intentado llegar, subiendo, bajando, sorteando motorinos, peatones... qué cúmulo de emociones!!!


DIA 2:

Dormimos fenomenal, lo malo fue que al despertar nos dimos cuenta que habíamos calculado mal los días y no habíamos reservado bien los hoteles... pero tras reorganizarnos, bajamos a desayunar y reservamos una noche más en Pozzuoli, y es que Nápoles nos conquistó!

Y de nuevo listos para empezar nuestra "giornata" por la caótica Nápoles. Alberto parecía que fuese un verdadero napolitano, porque enseguida se adaptó a su peculiar forma de conducir! Decidimos aparacer cerca del Castell Nuovo, que está más cerca ya del centro. El objetivo era ver por la mañana las excavaciones de San Lorenzo Maggiore porque cerraban a las 13.30h.

De camino, contemplamos el Castell Nuovo que tiene una puerta muy bonita, que da la sensación de no pegar mucho con el resto del edificio. Estaban excavando justo al lado, qué saldrá? Desde allí si que se veían las enormes dimensiones del Palacio Real, lo que es una lástima es que lo tengan tan sucio y mal conservado.

Seguimos hacia el centro, pasando al lado de la Fuente de Neptuno, y por una zona llena de sin techos que tenían las calles como sus casas...

Mirando el mapa, vimos que estábamos al lado de Gesú Nuovo y Santa Chiara, así que para allá que fuimos! En medio de la plaza, hay una columna que nos recordó muchísimo a la de Insbruck.

A un lado de la plaza, se encuentra la Iglesia de Gesú Nuovo y al otro el complejo de Santa Chiara. Primero fuimos a ver la de Gesú Nuovo, impresionante. Por su simple y anodina entrada, nadie diría que por dentro fuera a estar revestida de mármoles policromados ni llena de frescos.

Lo que más nos sorprendió, es una capilla dedicada a un Santo que era médico y que está llena de exvotos de la gente que ha curado. También tiene recreada la habitación y el despacho del Santo, que están muy cuidados.


Y de ahí, fuimos a ver el complejo de Santa Chiara. La iglesia está dentro y es muy grande y sencilla por dentro (recuerda a la de Castrourdiales). Estaban en misa, así que sólo echamos un vistazo por dentro, si bien nos dió la sensación de que estaba cómo hacer...

De nuevo, emprendemos nuestro camino hacia San Lorenzo Maggiore. Pasamos al lado de una iglesia a la que no teníamos pensado entrar, pero como estaba abierta, pues entramos y mereció más que la pena! Es preciosa, es la iglesia de San Gregorio Armeno y merece mucho la pena. En ella se encuentra la capilla de Santa Patricia (patrona de Nápoles) con sus reliquias. Esta Santa también realiza el milagro de licuar su sangre como San Gennaro, lo único que en lugar de sólo dos veces al año, ella lo realiza todos los martes del año!

Antes de entrar a ver las excavaciones, aprovechamos a tomarnos unos pastelitos que regalaban en la pastelería Scaturchio, buenísimos! Y a mirar el horario de "Napoli subterránea" que también queríamos ver.

Y ya sabiendo los horarios, fuimos a ver las excavaciones de San Lorenzo Maggiore. Están bastante mal explicadas, pero bueno, hay restos romanos y del medievo. Los restos romanos son de un mercado que era de dos plantas y donde se ven las distintas tiendas con sus mostradores. Se supone que con el mismo billete, se podían ver otras dos salas más del Monasterio que según la foto del folleto debían ser muy bonitas, pero estaban cerradas. Nuestro consejo es que al no ser que se tenga mucho interés específico en ver estas excavaciones, tampoco merecen tanto la pena.

Ya fuera, nos sentamos en un banco donde planficar lo que queríamos ver ese día, y al final decidimos coger el pase de las 14h de Napoli subterránea, para después comer y luego seguir con nuestra visita por la ciudad. Hasta esa hora, hicimos tiempo paseando por las calles cercanas, es increíble la vida de esta gente! Con sus motorinos que no respetan nada y que se meten por todos los sitios, las caras que parece que casi todos estuvieran trapicheando, ... todo está lleno de vida y de caos.

Antes de las 14h ya estamos en la puerta de Napoli subterránea, y tras pagar las entradas empezamos la visita bajando por las escaleras... parecía que bajasemos al infierno... qué de escaleras! Así llegamos a una gran sala, donde la guía nos explica (en italiano) que todos aquellos túneles eran el complejo de una cisterna y sus acueductos, que empezaron los griegos, después los romanos y después se fueron ampliando para dar servicio a toda la ciudad (se cree que hay un 90% de Nápoles con túneles), hasta que hubó una gran brote de cólera y se cerraron. Durante la 2º Guerra Mundial se reabrieron, ya que fue la ciudad italiana que más bombardeos sufrió, usándose como refugio, hasta que los napolitanos decidieron enfrentarse a los alemanes antes de que llegasen los aliados. Más tarde, se volvieron a cerrar y se usaron como vertederos hasta que una asociación empezó a luchar por recuperarlos.

De esa sala, pasamos a otra que recuerda la época en que sirvió como refugio , con sus letrinas improvisadas. La guía nos contó que se encontraron muchos documentos de chicos que huyeron del ejército usando ese complejo de túneles.

En otra sala, nos explicó hasta donde llegaba el agua y cómo los que trabajaban limpiando los túneles se movían de un lado a otro. Por estas personas, se creo el mito de una especie de duende que robaba las cosas o regalaba, según fuera la familia. Lo cierto es que eran estos limpiadores, si no les pagaban, entraban por los pozos y cogían lo que querían; pero si les gustaba alguna mujer de la casa o tenían alguna aventura con ella, la dejaban regalos y encima su marido cornudo se ponía tan contento pensando que eso era señal de buena suerte!

También nos explicó que ya los griegos crearon un método de lo más útil e ingenioso para usar una cantera al tiempo que creaban pozos para el agua. Y es que sacaban piedra del subsuelo del mismo sitio donde construían el edificio, algo que después se siguió haciendo por lo que bajo la mayoría de las iglesias hay grandes salas que usaban como pozo tras haber sacado de allí las piedras para construir el edificio.

La asociación que cuida de estos túneles, han llevado a cabo un experimento plantando diversas plantas que nunca se riegan ni reciben luz solar, sólo tienen luz artificial, y sobreviven al haber un 90% de humedad en estos túneles!
En la visita también te muestran las grandes cisternas a las que hay que acceder por pasillos estrechos y con velas como única luz, un poco agobiante pero interesante de ver. Y por último nos llevaron a una sala que está bajo la Iglesia de San Gregorio Armeno y que las monjas usaban como despensa y bodega.

Y ya en la calle, otra guía nos explicó dónde estaba el teatro romano. Para ello, fuimos a una casa y es que la gente con el tiempo reutilizó las gradas hacer casas y bodegas. Y así acabó nuestra visita por la parte subterránea de Nápoles, una visita totalmente recomendable y muy interesante!

Ya un tanto hambrientos, decidimos que en lugar de comernos algo rápido (antes probamos unas arancini en un puesto y estaban deliciosas!) entrar en un restaurante llamado Carmine que había enfrente de la entrada del subterránea... vaya desastre! Tardaron un montón en tomarnos nota, en servirnos y la comida no estaba mala pero era muy justa, no lo recomendamos.

Después de comer, fuimos a coger el funicular al lado de la Galería de Umberto I para subir al Castell Sant´Elmo. De camino al funicular, vimos para nuestro pesar que Pintauro estaba cerrado por lo que compramos una babá y una sfogliatella en otra pastelería pero nada que comparar...

Tras conseguir sacar el billete para el funicular, nos subimos para el barrio del Vomero. Para nuestra desilusión no va por fuera... Vaya cambio cuando salimos! Es otro barrio totalmente distinto al resto de Nápoles! Estaba muy limpio, las casas cuidadas que nos recordaron a las del barrio Salamanca de Madrid... viendo esto, quién dice que Nápoles está sucio?

Dando unas cuantas vueltas, llegamos a la entrada del Castell Sant´Elmo con la intención de observar las panorámicas de la ciudad, pero un guarda un poco borde nos dijó que estaba cerrado. Así que nada, pero bueno nos conformamos con las vistas que se veían desde allí.

De camino al funicular, nos compramos un helado en Otranto de pera-rucola y delizia de limón (María) y tiramisú y amaretto (Alberto), muy buenos!

De vuelta al Nápoles caótico, oímos los petardos que serían de la procesión que vimos por la tarde en el barrio español, todo un espectáculo! La banda que iba con la Virgen parecía que tocaba música de bailar en lugar de algo religioso. Todo un mundo el barrio español!

Bajamos hacia la Piazza Plebiscito y paseamos por una calle peatonal que lleva hasta la Puerta de Chiara donde volvemos sobre nuestros pasos. Esta calle era totalmente comercial.
Aprovechamos para ir a la pastelería donde fuimos por la tarde para comprar algo para cenar, y antes de coger el coche, fuimos al Castel del Uovo para verlo de cerca. Vaya fortaleza! Justo en su orilla hay varios restaurantes y por esa zona había un montón de parejitas paseando.
Por fin, llegamos al coche que estábamos cansados de andar todo el día. Ese día no nos desorientamos mucho y llegamos bastante rápido al hotel. Así que tras cenar, a descansar que al día siguiente iríamos a Pompeya y Herculano...

CONTINUARA..

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, debo de ser una inútil porque no se cómo pasar a la siguiente etapa del viaje, ¿o es que no hay más? Perdón por la molestia y muchas gracias por contar tus vivencias, que son muy útiles.