Al día siguiente, fuimos a la zona de Nothing Hill. Se nota que es una zona más pija, con edificios más señoriales y con unas calles muy amplias. Es un barrio que nos recordó un poco al barrio de Salamanca de Madrid.

Tras pasear un rato por la zona, nos dirigimos en metro hacia la famosa Trafalgar Square, llena de turistas y palomas, allí se encuentran la iglesia de St Martin in the fields y la Columna de Nelson que es la típica postal de la plaza.

También se halla allí, la National Gallery (http://www.nationalgallery.org.uk/) donde entramos a observar sus pinturas más famosas y que más nos atraían. Según entras, te dan un mapa del museo, donde te señalan en las diferentes salas los cuadros que son más relevantes.

En los pabellones Norte se encuentran las obras del 1600 al 1700, donde hay obras de Caravaggio, Rembrandt, Rubens, Van Dyck, Vermeer y Velázquez. De esta zona, la obra más relevante sería "La Venus desnuda" de Velázquez (nosotros no la vimos porque estaba fuera de exposición).
Y en la zona Este se hallan las obras de 1700 a 1920, encontrándose pinturas de Van Gogh, Turner, Constable y Cézanne entre otros. Aquí lo más importante serían "Los girasoles" de Van Gogh.
Y tras culturizarnos bastante, decidimos probar de nuevo a encontrar los bagels (somos un poco cabezones) y esta vez si que los encontramos!!! Se encuentran en la zona de East End con los mercados de Petticoat Lane y Spitalfields, cerca, que aunque son más pequeños, tienen mucho más encanto al ser menos turísticos. Este barrio nos resultó muy curioso al ser sobre todo bengalí y de muchas otras nacionalidades, sobre todo porque los nombres de las calles, además de inglés estaban en otro idioma que no logramos descifrar. El sitio de los bagels es el Brick Lane, buenísimos! Os los recomendamos! Nos pedimos uno de roasbeff y otro de salmón y estaban muy muy buenos, son una especie de bocadillo pero el pan es redondo y con un agujero en el medio. De verdad, resultó una de las mejores experiencias, no sólo como comida sino por la zona tan curiosa donde están.

Desde ahí, nos montamos en uno de los característicos autobuses de dos plantas de Londres, lo que nos hizó mucha ilusión, si bien hay que reconocer que son mucho más cómodos los modernos, pero bueno... es otra de las experiencias únicas de Londres.
Así llegamos a la zona del Soho que está llena de teatros, clubes y restaurantes. Lo que nos encantó de esta ciudad fue ver la gran variedad de musicales que se había. Andando andando, llegamos al famoso barrio de Chinatown, a cuya entrada se halla una especie de puerta china repleta de luces. Ahí aprovechamos a cenar en uno de los numerosos restaurantes chinos que había y confirmamos nuestra teoría de que aunque sean restaurantes chinos, en cada país son diferentes.


En nuestro último día en Londres, nos dirigimos a primera hora hacia el Buckingham Palace, residencia oficial de la monarquía británica. Este palacio se abre en verano para ser visitado, pero cuando fuimos estaba cerrado. Nuestro objetivo era ver el cambio de guardia, pero por un error en nuestra guía sobre los días que se hacía, nos quedamos con las ganas de verlo, ya que justo ese día no se hacía, pero bueno, así tenemos otro motivo más para tener que volver.

Justo enfrente del palacio, se encuentra el Queen Victoria Memorial, muy cerca de allí está el St James Park y el Green Park, que eran jardínes reales. Es un parque ideal donde relajarse y disfrutar de un poco de calma. El St James Park tiene un lago en el medio, y justo al lado, aprovechamos a sentarnos en uno de sus numerosos bancos a disfrutar del buen día que hacía mientras comiamos un par de sandwich.
Y tras ese momento de calma y paz, nos encaminamos hacia los famosos almacenes Harrods, los cuales son ya uno de los sitios a visitar de esta gran ciudad. El edificio por fuera nos decepcionó un poco, pero por dentro nos dejó impresionados! La decoración es preciosa, la zona de las escaleras parece casi sacada de un palacio y en sus diversas plantas cuenta con miles de cosas. Nosotros guiados por nuestra pasión por viajar, fuimos a la zona de libros de viajes, y nos sorprendió la grandísima variedad de guías, había prácticamente de todos los países del mundo, de hecho, había países que nunca habíamos oído casi hablar.
La parte que también nos sorprendió bastante, fue toda la dedicada a la alimentación, allí se podía encontrar de todo. Había gran variedad de carnes, pescados, frutas, chocolates... de todas las zonas casi del planeta, y luego una gran variedad de comida preparada, incluidas grandes exquisiteces.
Después de contemplar este gran centro del consumismo, quisimos volver al The Ten Bells, uno de los sitios que más nos gustó de Londres, a disfrutar de una buena cerveza en este bar con tanto encanto y a relajarnos tras estos días tan intensos de ver cosas.
Caída ya la noche, fuimos a ver la zona Covent Garden y la Piazza y el Central Market. Es una zona muy tranquila (salvo los fines de semana imaginamos) repleta de bares, restaurantes y tiendas. Tras pasear un rato por la zona, nos fuimos para el hotel y aquí terminó nuestro viaje a Londres.
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