10 nov. 2009

Diario de nuestro Viaje a Egipto IV

Viene de la Parte 1ª, Parte 2ª y Parte 3ª.
DIA 4:
Ese día a las 2.45h ya estaba sonando el teléfono... Un poco atontados y adormilados, nos ponemos en pie pues Abu Simbel nos espera! Antes de dejar el barco, en el bar nos tomamos un té y nos dan una bolsa con el desayuno para llevar.
Ya fuera, nos estaba esperando la furgoneta con nuestros dos conductores para llevarnos de excursión. Al rato, paramos al lado de más furgonetas y autobuses, Ahmad nos explicó que es porque hay que pasar un control de seguridad y además luego iríamos todos juntos en plan convoy por el miedo al terrorismo.
Cuando ya nos pusimos en marcha, tratamos de ponernos cómodos para dormir un poco, aunque la carretera está llena de baches pero al final si que conseguimos dormir. Por cierto, decir que los del barco te dejan sacar la almohada.
Nos despertamos en mitad del desierto de piedras y arena. A veces hay alguna parcela verde y con árboles, el guía nos explicó que son proyectos de investigación agrícola. Hay muchísimos controles de policía, nos dió la sensación de la mitad de la población masculina egipcia debe ser policía o militar... porque anda que no había!
Por fin llegamos a Abu Simbel. Dejamos la furgoneta en el parking y antes de empezar la visita, fuimos al baño (ahí es normal tener que dar propina para que te den el papel higiénico). Y ya para adentro con toda la masa de turistas! Ahí ya lo tienen bastante mejor preparado, con locales a la entrada para los souvenirs.
Estos templos fueron salvados de perecer bajo las aguas, al construirse la Gran Presa de Asuán (aquí forma el Lago Nasser). Para ello, se contó con la ayuda de muchos países y entidades que colaboraron en la reconstrucción y traslado de estos templos, desde su lugar original hasta donde se encuentran ahora.
Estos dos templos son de la época del gran faraón Ramsés II, que los edificó aquí, en la frontera sur del Imperio para demostrar su poder a los pueblos fronterizos. Estos templos difieren a los otros, ya que lo que podría ser el pilón de entrada, está justo adosado o tallado directamente en la falda de la montaña.
Verlos es todo un espectáculo... María desde pequeña había soñado con verlos, de ver en persona la imagen que tenía un cuadro de su abuela... pero la realidad supera con creces el dibujo!
Primero vimos el Templo de Ramsés II que es el más famoso. La fachada muestra cuatro colosales estatuas de Ramsés II sentado, y entre sus piernas las figuritas son miembros de su familia. Justo en el centro se halla el relieve del dios solar Ra con forma de halcón.
El guía nos explicó el templo fuera mediante postales, porque dentro con tanta gente que hay no se puede y no nos enteraríamos de nada. Además está prohibido para agilizar las visitas.
Según entras, antes de la puerta, en un lado se ve al faraón venciendo a los enemigos del norte y en el otro a los del sur, lo cierto es que los rasgos están muy bien conseguidos.
En la primera sala, los relieves narran la batalla de Qadesh y están bastante bien conservados. Aquí todo muestra como el gran Ramsés II vencía a sus enemigos. Después hay otra sala más pequeña, donde se ve coronado a Ramsés II por Horus y por Set como un gran guerrero. Choca que esté Set, ya que es un dios malo, pero ahí está representado como el dios de la guerra.
Luego hay otra sala más estrecha, de donde salen dos capillas laterales para las ofrendas, y por último el santuario donde hay cuatro figuras: Path (el dios de la niebla), Amón, Ramsés II y Ra. El faraón se pusó aquí como un dios más. Lo curioso es que dos veces al año, se cree que en la fecha de nacimiento y de subida al trono del faraón, entra un rayo de sol que ilumina todas las figuras, salvo la del dios Path que permanece en la niebla.
En este templo también aparece la figura del manco-cojo, como dios de la fertilidad y tan presente en todos los templos. Cuenta la leyenda, que hubó una guerra y se fueron todos los hombres a la misma salvo uno manco y cojo. Cuando volvieron de la guerra, todas las mujeres estaban embarazadas... y desde entonces se le divinizó.
Salimos de este gran templo y fuimos a ver el que hay al lado, el Templo de Nefertari. Era la esposa preferida de Ramsés II, y según nuestro guía, la amaba tanto que la hizó el templo. Además está consagrado a la diosa Hathor como diosa del amor.
La fachada esculpida también directamente sobre la roca, se compone de cuatro figuras de Ramsés II y dos de Nefertari, todos de la misma altura, lo que demuestra la importancia que le daba a su esposa.
Según entras, la primera sala tiene columnas con capiteles de Hathor y con bellos relieves de los dioses y de Nefertari, algunos aún con policromía, tuvó que ser increíble! En el santuario, se muestra a Hathor como una vaca, es precioso y con unos relieves muy cuidados.
Aprovechamos después para contemplar el Lago Nasser, qué calma! Y después ya hacia la salida, donde antes de ir con nuestro guía aprovechamos a comprar unas cosillas... aunque esto de regatear nos supera, pero bueno. Y ya para la furgoneta, donde nos dieron unos mini plátanos muy buenos, la verdad es que en este viaje entre unas cosas y otras no paramos de comer... Y es que la bolsa picnic era una pasada: una naranja, un plátano, un zumo, tres bollitos, dos bocatas, un pepino y aceitunas...
En la furgoneta, nos tocó también esperar un poco a que estuviese preparado el convoy, pero bueno, en el camino de vuelta también dormimos un poco, por lo que, tampoco se nos hizó demasiado pesado el día.
El paisaje no es de desierto tal y como lo imaginamos, sino que es más de piedras que de arena. En el camino a Asuán, paramos en la Gran Presa de Asuán. El guía nos explicó que puede ser una de las más grandes del mundo. Sirve sobre todo para dar electricidad y también para el cultivo en zonas secas. Las obras de la Presa duraron bastantes años y contaron con ayuda de los soviéticos.
Siguiendo hacia Asuán pasamos por la Antigua Presa. El guía nos comentó de ir a ver una fábrica de perfumes, pero al ver nuestras caras, al final no fuimos, mejor.
Y antes de volver al barco, paramos en la Antigua Cantera donde se encuentra el Obelisco Inacabado, vaya calor! De la antigua cantera de granito, no te haces mucha idea de cómo debía ser eso, salvo por el obelisco que se quedó allí sin terminar.
Ahmed nos explicó que de haberse acabado, sería el obelisco más alto que habría, pero así el más alto es el de San Juan de Roma y de los que hay en Egipto el de Hatshepsut de Karnak. Este no se acabó, porque cuando estaban en ello se dieron cuenta de que había una grieta y entonces ya no servía.
La técnica que creían que usaban era, que primero delimitaban el tamaño y la longitud de la pieza en la montaña. Después metían alrededor trozos de madera que mojaban hasta que se hinchaba y hacía que la roca se agrietase, y entonces ya lo picaban. Primero lo picaban, después lo pulían y al final lo grababan. Se cree que luego lo llevaban en barca desde el embarcadero que había allí mismo, hasta el templo donde lo quisiesen poner a través del Nilo. Pero no está muy claro del todo, ya que pesan toneladas... eran unos genios!
Dimos una vuelta por la cantera, y después a la furgoneta directos al barco a comer, mejor porque hacía un calor de morirte! Esa tarde teníamos la opción de haber contratado la excursión al Pueblo Nubio, pero pasamos, porque nos dio la sensación que sería como una excursión que hicimos a las tribus del Norte de Thailandia, todos disfrazados para el turista. Además nos parece un poco triste, tratarlos como animalitos de un zoo para hacerles fotos y sentirnos buenas personas dándoles un caramelito a esos pobrecitos... es nuestra humilde opinión.
Así que nuestro plan para la tarde, después de comer (qué bueno el pescado! parecía cazón en adobo!), era a las 16h paseo en faluca y después pasear por nuestra cuenta por el mercado de Asuán. Si bien antes de nada, un poco de siesta para reponernos del madrugón!
Y medio adormilados y con un calor de narices, cogimos la furgoneta para ir hasta donde está la faluca, aunque nos tocó andar un poco. Al montarnos en la faluca, vaya cambio de temperatura, con la brisa se estaba de lujo! El paseo la verdad es que fue un poco cutre, a Alberto no le gustó mucho. Y es que apenas duró 20 minutos y tampoco ves nada demasiado bonito, la isla Elefantina y la orilla de Asúan, eso sí esta gente es la leche! Te montan el chiringuito con collares y demás en cero coma y alá a comprar!
Volvimos a la furgoneta para ir al barco. Antes de bajar del coche, acordamos con el conductor que en lugar de pagar un taxi, le pagaríamos a él por llevarnos en un rato al mercado. En el barco nuestro guía ya nos dió las joyas que le habíamos comprado. Esa tarde y la mañana siguiente la teníamos libre, con la comida incluida y sobre las 19.30h del día siguiente nos vendrían a buscar al barco para llevarnos al aeropuerto. Aún no sabía si podríamos quedarnos en el camarote hasta esa hora o no, así que después tendríamos que preguntar... nos despedimos de Ahmed y ahora si que empezábamos de verdad la aventura!
Salimos y el del la furgoneta nos acerca al mercado, aunque no lo vimos tan fácilmente. Se notaba que tampoco era muy normal ver turistas por las calles, por cómo nos miraba la gente. Tampoco nos extrañó pues la mayoría de turistas no salen del barco salvo para las excursiones o al lado de su guía.
En el mercado tampoco es que hubiese mucha gente, allí lo que más había era puestos de especias, pero lo cierto es que molaba mucho. Nos paramos en un puesto de especias a curiosear, tenían una cosa azul que no sabíamos qué sería... el vendedor nos explicó que era para la ropa, por lo que imaginamos que sería añil. Nos dió a oler un montón de especias, vaya lío para la nariz! Al final compramos un poco de canela en rama, menta, anís y curry... eso sí, primero nos dijó un precio y luego a la hora de pagar el triple... pero tras regatear y decir que nos íbamos, al final llegamos a un acuerdo.
Lo que nos sorprendió de este mercado, es que siempre nos lo imaginamos en callejuelas estrechas, pero este está en calles muy anchas y los vendedores no son excesivamente pesados, así que mucho mejor. Pasemos por el mercado, donde hay una gran mezquita bastante moderna y tras verlo, nos volvimos para el barco.
Menos mal que le habíamos pedido a Ahmed que nos apuntase en un papel la dirección del barco, porque estaba atracado muy lejos! Cuando íbamos buscando un taxi, nos abordó un señor para llevarnos en calesa, como siempre a regatear... Al final decidimos ir con él, más bonito y súper agradable la brisa nocturna.
Ya en el barco, tras refrescarnos un poco, vamos a cenar. Cómo echaremos de menos esos bollitos! Después nos subimos a la cubierta, qué paz! Para nosotros éste ha sido quizás el viaje que hayamos hecho fuera de España, más relajado y con más lujos... no está mal ;-)
Esa noche había actuación de danza del vientre en la discoteca, así que fuimos a verlo. La verdad es que era un tanto cutre y María con sus migrañas pues como que no estaba para muchos ruidos, así que nos fuimos pronto. Antes de irnos a la habitación, preguntamos en recepción que teníamos que hacer con lo del camarote... tras un lío con los idiomas, gracias a un guía que había allí todavía y se lo explica en árabe, lo solucionamos... al final nos quedamos en el camarote porque no lo necesitaban.
Y así pasó este día... A la cama a descansar, que al día siguiente nos tocaba buscarnos la vida para ir a Philae...
CONTINUARA...

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