2 oct. 2007

Diario de nuestro Viaje a Alemania Septiembre 05

Si bien Alemania a primera vista no es un un país de los más turísticos, a nosotros nos apetecía ir porque siempre nos gustó la forma de ser de sus gentes y porque después de ver la guía, pues como que teníamos muchas ganas de recorrer la Ruta Romántica, ver los castillos del Príncipe loco o pasear por la extraña combinación de Berlín, y la verdad es que no nos defraudó en absoluto, al contrario, desde que volvimos siempre hemos soñado con volver.

El viaje lo hicimos en nuestro coche y llevábamos ya casi reservados todos los albergues en los que nos alojaríamos, vía internet.

Lo empezamos saliendo de Luzón, rumbo a Irún donde dormiríamos en su albergue juvenil ya que el de Fuenterrabia estaba cerrado por obras. El camino hasta la zona de Navarra bien, pero según nos íbamos acercando al País Vasco la climatología se iba volviendo más adversa y la subida del Puerto de Zarate fue totalmente pasada por agua. Lo peor de todo, fue llegar al albergue de Irún ya que entre que no estaba muy bien indicado y que estaba lloviendo muchísimo... pero bueno al final llegamos. La habitación era compartida pero la gente era bastante tranquila, por lo que pudimos descansar bastante bien.

Al día siguiente a las 6.30 h estábamos ya en pie, tras un frugal desayuno en el albergue, dejamos atrás España y empezamos nuestra aventura y es que ese día nos tocaba atravesar toda Francia! Nuestra opinión sobre Francia en segunda ocasión que pasamos por ella no sigue siendo muy buena, parece un país un tanto estancado y donde te sangran con los peajes en la autopista pero bueno.

Sobre las 13.30h llegamos a Chartres, que para nosotros era un sitio de esos que especialmente nos atraían (si bien Alberto ya había estado), sobre todo por ver su magnífica catedral de las que tantas cosas habíamos leído y de la que tantas cosas se han dicho. Aparcar el coche fue lo más complicado, pero una vez conseguido, nos pusimos en marcha para ver la catedral de Notre Dame que tantos misterios entraña.


La fachada es impresionante, aunque si estuviera más limpia sus relieves y esculturas lucirían mucho más aún. Por dentro lo que más impresiona son sus vidrieras, algunas del siglo XII, y lo más raro el laberinto que hay en el suelo y cuyo significado aún no está muy claro que digamos. También es curioso ver la reliquia más importante que poseen: la camisa de la Virgen María. Lo dicho, esta catedral gótica es una auténtica joya y se podría escribir mil hojas sobre ella.

Tras ver la catedral, nos fuimos en busca de comprar pan, ya que a las tres de la tarde pretender comer en Francia es bastante imposible, y con nuestra baguette, a las afueras ya de Chartres, nos hicimos un bocata de jamón y tan ricamente para recuperar fuerzas.

Al pasar por París, el tráfico se notó considerablemente porque el atasco fue monumental. Lo más curioso del día fue los cambios de nublado a soleado pero bueno, al menos no nos llovió. Sobre las 20.30h llegamos por fin a Brujas (Bélgica), nuestra parada final. Allí también teníamos reservada habitación para dos en el albergue juvenil, y la verdad es que estaba fenomenal porque tenía hasta baño para nosotros.

Tras dejar las cosas en la habitación, nos fuimos a tomar un primer contacto con la ciudad y mereció la pena, ya que la Plaza Markt de noche tiene un encanto peculiar con la luz tenue que le ponen. Cenamos una hamburguesa con patatas fritas de los puestos que hay en la plaza admirando el entorno. Y después nos fuimos para el albergue a descansar, que se notaba el cansancio del día, eso sí, decir que la cancela para los coches estaba cerrada por lo que nos tocó aparcar por una calle cercana del albergue.

En nuestro segundo día en Brujas, nos dimos el lujo de levantarnos un poco más tarde. Desayunamos en el albergue con otros españoles que también estaban de viaje y que nos recomendaron parar en Gante. Y tras desayunar y ducharnos, a recorrer Brujas, si bien lo mejor es pasear pues lo que más encanto tienen son sus calles, sus canales, sus casitas y lo cuidado que está todo.
El Ayuntamiento es muy bonito, sobre todo su sala principal que tiene unas pinturas preciosas. La Iglesia que es muy curiosa es la que está justo a su derecha, la de la Sangre Sagrada, luego iríamos a verla porque a primera hora estaba cerrada.

Antes de comer, paseamos por sus calles y canales de cuetno, y sobre las 12.30h adaptándonos a sus horarios, nos comimos en una terraza el plato típico belga: mejillones al vapor con patatas fritas, acompañados de cerveza Jupiter, muy muy bueno.

Y tras esa comida tan rica, regresamos a la Sangre Sagrada que es una Iglesia preciosa y que en su época fue un importante lugar de peregrinaje ya que guarda la "Sangre de Cristo", que según la tradición, fue traída por Dietrich de Alsacia, conde de Flandes, a su regreso de Tierra Santa durante la Segunda Cruzada. Todos los años, para recordar este hecho, se realiza la imponente Procesión donde se saca la Sangre Sagrada por las calles de la ciudad.

Y desde allí, nos fuimos a ver las llamadas "Casas de Dios", el parque que hay lado y el Minniewater... de cuento de hadas todo. Antes de ir al albergue a descansar un poco, compramos en Leónidas sus famosos bombones así como alguna cerveza belga. Tras descansar y cenar en el albergue, volvimos al centro por la noche a tomarnos una cerveza y a disfrutar de Brujas de noche. La verdad que el tomarse una cerveza belga en una terraza de la Plaza Markt es algo maravilloso y del todo recomendable!










Al día siguiente, tras desayunar, recogimos todas nuestras cosas y nos pusimos en marcha dejando atrás la preciosa ciudad de Brujas. Al final, decidimos hacer una parada en Gante para conocer su centro histórico. Aparcamos el coche en pleno centro y nos fuimos hacia la Catedral de San Bavan, que es bastante bonita pero su aspecto exterior está un poco descuidado. Mientras estábamos enfrente de la Catedral y admirando la torre Belfort, se nos acercó un señor que sabía español y que se nos convirtió en nuestro guía improvisado de Gante.

Gracias a él. tomamos conciencia que allí nació Carlos I (lo que para ellos es muy importante) y muchos detalles hacen referencia a ese dato, como una figura que hay en un lateral de la fachada antigua del Ayuntamiento (ya que la mitad del mismo se terminó relativamente hace poco porque se quedaron sin dinero). También nos explicó que el dragón dorado que hay en lo alto de la Torre procede de los cruzados.











Tras despedirnos de nuestro guía, fuimos a ver el Palacio Ducal que la verdad es un tanto tenebroso. Gante también tiene canales y centro es bastante chulo aunque estaba muy descuidado. Y tras pasear por Gante, nos pusimos rumbo a Amsterdam (Holanda).

Llegar al albergue juvenil de Amsterdam resultó un poco lioso, por la propia disposición de la ciudad pero al final conseguimos aparcar justo al lado del Vondelpark. Después de pagar el dichoso ticket de la hora que es obligatorio en Amsterdam hasta las 24h, nos fuimos al albergue a dejar las cosas allí y en el bar del albergue nos comimos una hamburguesa con patatas fritas y ensalada, aderezado con la típica heineken holandesa.

Y con el estómago lleno nos fuimos a patear las calles de Amsterdam. Lo primero que vimos fueron los puestos de flores con unos tulipanes preciosos, semillas de marihuana y unas cebollas enormes de unas flores muy raras. Y andando andando llegamos a la Plaza Dam con el Palacio Real. Lo más chocante de Amsterdam a primera vista es la gente, las bicis y los tranvías.

Desde la Plaza Dam fuimos a ver un Centro Comercial que está en un edificio antiguo muy chulo, luego por un canal de los principales que dan a la Estación Central, y donde decidimos dar un paseo en barco de una hora por los canales. El viaje en barco nos gustó bastante y nos sirvió para darnos buena idea de cómo son los canales de esta ciudad.









Después de pasear en barco, nos fuimos a dar una vuelta por el barrio chino y como era muy pronto para cenar, nos sentamos en una terraza a observar a la gente mientras bebíamos una cerveza y donde nos clavaron bien por las dos heineken, y donde por ir al baño te cobraban 50 céntimos pero bueno. Y pasando el tiempo, nos fuimos a curiosear donde cenar descubriendo asi que había un sitio que se llamaba bar Manolo´s típicamente español, si bien al final optamos por cenar en un chino donde todo estaba muy rico pero era muy diferente a la comida china de España.

Y con el estómago lleno, nos fuimos por el Barrio Rojo para conocerlo y la verdad es que es de flipar un poco, ya que había una zona de prostitutas un tanto mayores que no tenían unos cuerpos ya como para enseñar la verdad. Aunque lo más agobiante fue pasear por un mini callejón con chicas a ambos lados en sus ventanales... y la gente de los viajes organizados paseando por allí como si fuera un museo más.

Y tras nuestra aventura por el barrio Rojo al albergue a descansar que mañana nos esperaban más cosas de Amsterdam...

Lo mejor del albergue de Amsterdam es el desayuno que es muy completo, porque las habitaciones son de 8 personas y claro pues te pasa que compartes con gente de todo tipo pero bueno, es lo que tienen los albergues. Tras desayunar, nos fuimos al coche para pagar lo de la hora que aquí en Amsterdam es un tostón y cual fue nuestra sorpresa cuando nos encontramos con que nos habían roto la ventanilla y nos habían robado algunas cosas!!! Qué desastre!!! Así que nada, a recoger las cosas, hacer un inventario de las cosas que nos faltaban, llamar al seguro para ver qué teníamos que hacer y demás... pero bueno. Al final nos tocó buscar un taller para que nos repararan el cristal que posteriormente nos pagaría el seguro en España. De chorra encontramos uno de unos medio turcos pero muy majetes , que nos trataron bastante amablemente y nos indicaron que sobre las 4 de la tarde lo tendrían, asi que allí dejamos el coche y nos fuimos a seguir viendo la ciudad, qué remedio!

Lo primero que vimos fue el museo Rijksmuseum desde fuera y desde allí nos fuimos a ver el barrio Joordan, que tiene mucho encanto. En general la estética de sus casas es muy homogénea por lo que los canales son muy chulos y la vida en sus calles no tiene nada que ver con la agitada del centro.












Para comer optamos por un McDonald (en Amsterdam no hay nada de comida tradicional propia), donde hicimos bastante tiempo porque llovía bastante. Y al ser ya la hora acordada con los del taller, fuimos a la Estación Central para coger el tranvía hasta allí. Cuando llegamos, ya nos tenían preparado el coche y la factura para nuestro seguro, así que desde allí nos fuimos ya para el albergue.

Esa noche por si acaso, aparcamos en una zona llena de tiendas fashion para evitar más sustos. Y para cenar fuimos a un sitio tipo mexicano, de costillas, donde comimos un montón de carne pero estaba todo muy bueno. Y como esa noche llovía un montón, pues directos al albergue que no hacía para estar por la calle...

Al día siguiente tras desayunar, fuimos al coche y para nuestra alegría, estaba bien. Así que dijimos adiós a Amsterdam y nos pusimos rumbo Berlín. Nada más cruzar la frontera con Alemania, nos paró un coche de la policía que nos hizó un registro del coche, lo cual era lógico teniendo en cuenta que por esa zona no tiene que cruzar nadie pero bueno.

El resto del viaje, transcurrió tranquilo, si bien a la altura de Hamburgo nos tocó un buen atasco, y nos tiramos casi una hora parados, así que en cuanto vimos un área de descanso paramos para descansar y de paso comimos allí, si bien eso pensó también mucha gente pero bueno. Y de nuevo al coche, que aún nos quedaba un buen trozo hasta Berlín, que está casi más al lado de Polonia, la verdad.

Una vez llegamos a Berlín, nos centramos lo mejor que pudimos para llegar al Albergue y tampoco dimos muchas vueltas que digamos. Aparcamos justo enfrente del albergue, que por las pintas, era un edificio de la zona soviética. Lo peor del albergue es que nos tocó en la sexta planta y sin ascensor, pero bueno, era bastante acogedor y limpio, además teníamos reservada un habitación para dos.

Tras dejar nuestas cosas en la habitación, preguntamos como ir a la Puerta de Branderburgo y nos dijeron que eran unos 20.30 min a pie, asi que para allá que nos fuimos. La primera sensación que nos dió Berlín, es que todo era como muy grande y muy amplio, y con muchos edificios modernos. Además gracias al mapa que nos dieron en el albergue más o menos podíamos saber a que zona pertenecía cada cosa y era muy curioso.

El primer edificio significativo que vimos fue el de Reichstag por detrás con su cúpula de cristal, ya estábamos al lado de la puerta... lo cierto es que ver la Puerta de Branderburgo impresiona, sobre todo por las imágenes que has visto de ella. Tras las fotos de rigor, paseamos por la Unter den Linden que es una avenida con edificios importantes, como la Embajada de Rusia que nos dejó de piedra.

Y tras este primer contacto con Berlín de noche, nos encaminamos al albergue donde nos preparamos la cena y a dormir.

Nos levantamos pronto y decidimos ir a desayunar a un Donky Donnuts que habíamos visto el día anterior, si bien nos comimos el café y los donuts rodeados de avispas pero bueno... Y desde allí, nos fuimos directos a ver la cúpula de vidrio del Reichstag (Parlamento alemán), donde tuvimos que esperar una considerable cola ya que es uno de los edificios más visitados de la ciudad.

La subida a la cúpula es ascensor, con una capacidad para unas 40 personas. Las vistas así como la cúpula, compensaron de sobra la espera, es muy bonito! Dentro de la cúpula había como un recorrido fotográfico por momentos del Reichstag, incluido como quedó después del incendio y fotos curiosas de la Puerta de Branderburgo como límite entre las dos Alemanias.
















Desde aquí, nos dirigimos por la avenida del 17 de Junio hacia la Columna de la Victoria que parecía que estaba al lado, pero para nada. Esta gran avenida, está dentro de un parque enorme y al principio hay un monumento a los rusos caídos con dos tanques. Cuando por fin llegamos a la Columna, que se construyó para conmemorar las victorias prusianas, descubrimos que ese era el símbolo de la comunidad gay de Berlín.

Como ya estábamos un poco cansadillos de andar, optamos por coger el metro. Lo de sacar el billete nos costó un poquillo porque va por zonas, pero al final sacamos uno para cada uno para todo el día. Y desde la parada del Zoologischer Garten fuimos hasta la Postdamer Platz, que es una de las plazas con más movimiento de Berlín. Tiene los edificios muy modernos y es que con las guerras, se quedó todo desierto.

Desde ahí fuimos hacia el Checkpoint, aunque antes paramos a comer algo e ir al baño, y de ahí directos al Ckeckpoint Charlie que era uno de los puestos entre las dos Alemanias más importantes y que han conservado más o menos como debía ser. Alrededor hay muchos puestos con recuerdos de esa época, como galones o pasaportes de la RFA. En el puesto hay una bandera de Estados Unidos sostenida por un "soldado estadounidense" y una de la Unión Soviética por una "soldada rusa".


Justo enfrente está el Museo donde se nos pusieron un poco los pelos de punta, y eso que por el idioma no lo entendimos todo bien, al ver los inventos que hacía la gente para escapar de la zona soviética, desde meterse en una maleta, a meterse en la zona del motor del coche, hasta dos familias que se construyeron un globo para cruzar la frontera... Quizás una de las fotos que más impacta es la de un soldado escapando a la zona aliada.


Desde el Museo, nos fuimos a la Gendarmerplatz que está considerada una de las plazas más elegantes de la ciudad por la armonía de los edificios que la componen. Después fuimos andando camino de la Alexanderplatz, de camino vimos la Isla de los Museos, el que mejor se veía era en el que se encuentra Nefertiti. También vimos la Catedral de Berlín que tiene justo enfrente el edificio de gobierno de la Alemania Soviética, el cual está todo destrozado.

La Alexanderplatz es sobre todo conocida por la enorme torre de la televisión, justo al lado está una de las Iglesias más antiguas de la ciudad. Al lado hay una plaza con la Fuente de Neptuno, justo enfrente del Ayuntamiento, y muy cerca están las estatuas de Marx y Engels.

Desde allí cogimos de nuevo el metro para ir a la zona de Oranienburger Str con la intención de cenar en un restaurante que recomendaba la lonely planet de comida israelí - judía al lado de la Nueva Sinagoga, pero estaba cerrado... Así que al final fuimos a un thai que estaba muy bien y donde cenamos fenomenal, era una zona con mucho ambiente y llena de bares y restaurantes. Y ya cansados de tanto trajín, nos fuimos al albergue a descansar de tanta cultura.

Tras desayunar en la habitación, nos pusimos de nuevo en marcha, nos dirigimos lo primero de todo al Museo de Pergamo. Pasamos al lado de la Nueva Sinagoga que está custodiada por policías, suponemos que porque en la Noche de los Cristales Rotos se vió muy afectada.

Al llegar al Museo nos tocó buscar un cajero, ya que la entrada había que pagarla en efectivo y no llevábamos suficiente, dicho sea de paso, en Berlín, dónde están los bancos? El Museo de Pérgamo nos pareció espectacular, además nos dieron cascos en tu idioma totalmente gratuitos, y las explicaciones son muy muy completas (quizás demasiado).

Lo primero que se ve, es la reconstrucción del Altar de Pérgamo que es la obra arquitectónica cumbre de la Grecia Helenística. Nos pareció un poco fuerte que se llevaran un monumento entero piedra a piedra de un país a otro, pero bueno. Las salas de al lado tienen más arte romano, entre las obras que hay se encuentra la fachada del Mercado de Mileto que en ese momento estaban restaurando, pues estaba bastante deteriorado entre la arena que lo sepultó durante siglos y los bombardeos aliados.

En otro ala, es donde tienen reconstruida la Puerta de Isthar, que era la puerta que daba acceso a Babilonia y que también se trajeron piedra a piedra. La reconstrucción es espectacular. También tienen parte de los soldados alados y un montón de piezas de la cultura de la zona de la Península Arábiga.

En la planta superior es donde tienen el arte Islámico, incluyendo una Cúpula de la Alhambra de Granada y la fachada de un Palacio de Jordania. Este museo a nuestro juicio es uno de los más completos que hemos visitado y uno de los más didácticos, totalmente recomendable.

Y tras imbuirnos de tanta cultura, dejamos el Museo y camino de un lugar donde comer, cotilleamos en dos mercadillos callejeros las cosillas que vendían. Para comer nos decidimos por un restaurante tipo americano cerca de la Alexanderplatz, en plan sandwich enorme, con patatas fritas, ensalada y cerveza.

Antes de comer vimos un sitio que nos resultó muy curioso de helados australianos, así que como en el fondo somos un poco cotillas, después para allá que fuimos y vaya helado más bueno de chocolate belga! No sabíamos que los helados australianos fuesen tan buenos!

Y desde la Alexanderplatz cogimos el metro y directos a la parte donde se conserva la mayor parte de Muro. Lo cierto es que impone pensar lo que debio significar para tanta gente... y escapar tenía que ser muy complicado porque aparte de la alambrada y controles que habría, estaba alto y era de hormigón y con barras como de hierro por dentro...



Después de ver esta parte tan importante de la historia de Berlín y de la humanidad, fuimos un rato andando para coger el metro que nos llevará hasta los "Kadewe" que son unos centros comerciales de los más grandes de Europa, pero era domingo y claro, estaban cerrados. Así que desde allí bajamos por una calle totalmente comercial hasta la Kaiserdamm, construida en honor del Kaiser Guillermo II pero de la que sólo queda el caparazón, ya que los bombardeos aliados la destruyeron prácticamente, y los berlineses la han conservado así como memoria de los sucedido, eso sí, quien construyera la torre de al lado la fastidió pero bien porque es horrible!


En la plaza que hay justo al lado de la Iglesia, nos sentamos en una concurrida terraza a tomarnos una cerveza y un zumo, que nos sentaron fenomenal. Y tras curiosear por las tiendas de souvenirs, nos fuimos al metro para volver al albergue pues el cansancio estaba haciendo estragos ya. Y como el cansancio fue mayor que cualquier otra cosa, cenamos en el albergue y directos a la cama a descansar que el viaje y la aventura seguían.

Al día siguiente dejamos la mágica Berlín para ponernos rumbo a Postdam, esta ciudad está bastante cerca de la capital a unos 20 km. Lo que nos llevaba hasta allí eran las ganas de ver sus palacios que están dentro del llamado Parque Sanssouci, que es Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco y que está lleno de diversos palacios de la época prusiana.

Estos palacios están a las afueras de la ciudad y aunque nos hicimos un ligero lío aparcando, al final aparcamos en una especie de urbanización casi al lado así que muy bien, aunque al principio ibamos un poco perdidos porque están dentro de un espacio muy grande y no estábamos seguros de para donde ir... El primer palacio que vimos fue el renacentista Orangerieschloss que tiene delante una bonita fuente, empezamos a sentir como debían sentirse aquí los príncipes y demás... Cerca de este palacio, se encuentran el Molino históricoy la Neve Kammern o casa de huéspedes.

El edificio que nos pareció muy coqueto, fue el Chinesisches Haus o casa de té china, que es un mini palacete en medio del parque, cuya única función era ir a tomar allí el té y que en el soportal cuenta con unas figuras de chinos muy graciosas de pan de oro, de mucho valor... tanto que si te acercas un poco a hacerte una foto, damos fe que salta la alarma!

Si bien la joya de los palacios es el Schloss Sanssouci de estilo rococó que tiene una fuente espectacular delante y que es de un importante valor histórico artístico. La visita es muy recomendable por lo que indicaba la guía pero ese día estaba cerrado, así que nada. Y de ahí al otro gran palacio, el Neues Palais que nos costó 5€ que era la residencia de verano de la familia real. Su aspecto exterior no es tan ostentoso como los otros, pero el interior es muy interesante y resulta curioso de visitar (nos pusieron una especie de pantuflas en los zapatos para no dañar el suelo, como dato curioso).

De camino al coche, pasamos al lado de un restaurante muy auténtico donde comimos y fue la mayor aventura gastronómica de todo el viaje, ya que la camarera no tenía ni idea de inglés y nosotros nada de alemán, así que pedimos al azar, pero todo estaba buenísimo y la cerveza que era de producción propia aunque era muy oscura estaba muy buena y fueron muy amables.

Y después de tanto palacio, al coche con rumbo a Bamberg que es un pueblecito de Alemania donde se fabrican hasta 200 tipos de cerveza diferentes y que es precioso. Bamberg está declarada Patrimonio Mundial por la Unesco y es famosa por ser una de las ciudades más bellas de Alemania.

Milagrosamente se salvó de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, por lo que casi todos sus edificios más bellos son originales, y se conservan edificios desde el románico lo que te transmite autenticidad, y pasear por sus calles es lo mejor, pues mires donde mires, todo es precioso!

Nosotros nos alojamos en el Albergue Juvenil de Bamberg que estaba a las afueras, y creemos que no fue del todo una buena opción, sobre todo porque después comparando los precios con otros sitios no era tan barato y porque llegar desde ahí a la ciudad y nos costó un poco, ya que nso desorientamos bastante, y como esto es Europa y la gente se recoge muy pronto a casa, no podías tampoco preguntar a nadie (bueno, también hubiéramos tenido el problema del idioma).

Así que esa tarde, nada más llegar al albergue donde había un colegio que estaba alojado, dejamos nuestras cosas y nos fuimos a tomar un primer contacto con la ciudad (típico en nosotros). Nos costó un poco pero al final llegamos al centro, y buff la primera impresión fue impresionante, esta ciudad es más que recomendable aunque no sea de las ciudades más conocidas a nivel turísitico.

Bamberg está cruzada por el río Regnitz, y lo primero que te impresiona es la majestuosa casa que hay en medio llamada Altes Rathaus que hace de puente y está toda decorada, de hecho es muy curioso observar el ingenio del artista que pinto un querubin y de hecho la pierna de éste sale del fresco para colgar fuera de la casa, muy curioso. Cuando pasamos por allí, como ya era un poco tarde y el río tenía corriente, había dos remadores entrenándose en los rápidos.

Si atraviesas el Altes Rathaus ya vas camino del centro, que fue lo que esa primera noche hicimos nosotros que nos dedicamos a vagar sin rumbo y a buscar un sitio donde cenar. Cenamos en un restaurante que nos pareció bien y donde vimos que ponían salchichas (en esta zona no hay mucho turimos extranjero por lo que no es fácil encontrar la carta en inglés), pedimos unas salchichas muy ricas con una de sus muchos tipos de cervezas y tan ricamente nos fuimos a buscar el coche, cansaditos para irnos al albergue... lo malo es que no nos orientábamos y tardamos un montón en conseguir salir del centro de la ciudad y regresar al albergue, pero al final dimos con él!

A la mañana siguiente desayunamos en el albergue rodeados de todos los peques del colegio y después de pagar el albergue y recoger nuestras cosas nos fuimos para visitar como se merece Bamberg. Aparcamos el coche cerca de lo que parecía un antiguo puerto y listos para empezar nuestra visita.

Atravesamos el Altes Rathaus que de día tiene un colorido espectacular, y nos dirigimos hacia la zona de la Domplatz o plaza de la Catedral que está arriba. La Dom es medio románico - gótica, y a su lado está la Residencia Episcopal. Lo que nos sorprendió mucho es el Patio que había detrás que parecía como medieval y que era precioso con su entramado de madera y todo lleno de flores.


Otro lugar interesante de visitar es el Monasterio Benedictino, llamado Kloster St Michael que actualmente es un hogar de ancianos. La iglesia barroca merece una visita y el jardín es precioso y tiene unas vistas únicas de la ciudad. Aquí hay un museo de Cerveza pero cuando nosotros fuimos estaba cerrado, una lástima porque debía ser muy curioso.

Y la parte que tiene mucho encanto de Bamberg es lo que llaman la Little Venice o Klein Venedig, que son preciosas casas de entramado de madera con sus bateas, canales y embarcaderos... muy bonitas...

Y tras pasear por esta preciosa ciudad, comimos en el McDonald y nos pusimos rumbo a nuestro siguiente destino, Rothenburg ob de Tabuer, empezando así la denominada Ruta Romántica. Si bien como ya nos habían dicho que en el Albergue de Rotheburg no había sitio, iríamos a dormir a un sitio que los del albergue nos habían recomendado que estaba cerca, así que primero iríamos allí.

No nos costó mucho encontrarlo, era un sitio tipo casa rural - hostal, donde la señora que era la dueña sólo hablaba alemán pero aún así nos atendió todo lo amablemente que pudó. Nos escribió en un papel el número de la habitación y el precio (muy muy barato) y nos dió la llave, no nos pidió ni el dni ni dinero ni nada, y una vez dejamos las cosas, nos fuimos de visita a Rotheburg para verlo al menos de tarde - noche.

Es un pueblecito de cuento de hadas situado en lo alto de una colina, conservado perfectamente al estilo medieval. Es uno de los sitios más visitados de Alemania, especialmente en verano y Navidades. Sin duda, lo mejor que puede hacerse es pasear por sus calles sin destino fijo y a ser posible en horas donde no haya muchos turistas y donde toda su magia se hace presente. Nosotros esa primera tarde cuando fuimos nos lo encontramos practicamente desierto, lo que mereció mucho la pena, si bien nos tocó cenar corriendo y en un kebap que fue lo único que encontramos casi ya abierto. Y con ganas de saborear más sus calles, nos fuimos a nuestro Gastehaus (casa de huéspedes) a coger fuerzas.

Antes de salir de la habitación desayunamos pensando que al ser tan barato no iría incluida, cual sería nuestra sorpresa, cuando al bajar nos estaba esperando la señora de la Gastehaus para que desayunáramos! Y vaya desayuno! Te ponían el café con leche o té y luego tú podías coger la mermelada, mantequilla, embutido o lo que quisieras... así que salimos con mucha mucha energía, pero claro como le explicábamos a la pobre señora que ya habíamos desayunado...

Y directos a Roteheburg. allí fuimos a la Oficina de Turismo donde nos dieron un folleto donde te dan una especie de mapa con un recorrido donde te van explicando los puntos más importantes de la ciudad y te guian para que la vayan visitando, así es mucho más fácil y lo ves todo sin liarte. El Markt o mercado que está al lado del Ayuntamiento, , la iglesia gótica de San Jacobo donde se dice que en su altar mayor se guarda una gota de la Sangre de Cristo, el Plönlein o plaza pequeña y que es una de las postales típicas de la ciudad, las calles donde estaban las casas de las gentes más adineradas... Lo que resulta curioso es el Reloj que representa la historia del trago del burgomaestre, ya que según cuenta la leyenda un general católico le retó a beber 3 litros de vino y un concejal lo consiguió, salvando de esa manera la ciudad protestante.

La ciudad medieval al estar perfectamente conservada, conserva varias torres y está totalmente amurallada con lo que durante la visita las recorres, algunas de ellas, actualmente son viviendas privadas. Así mismo, en las ciudades medievales, las fuentes y pozos eran vitales para el día a día y para los incendios por lo que durante la visita también se ven bastantes.

Una de las vistas más bonitas de Rothenburg se obtiene desde el jardín de Castillo, tanto de la ciudad como de la zona del valle, que es la parte más antigua de la ciudad y que cuenta con una iglesia gótica tardía.

Después de visitar propiamente la ciudad, merece la pena ser visitado la Käthe Wohlfart Weihnachtsdorf, que es una tienda, pero más bien parece el taller de Papa Noel... es un lugar donde aunque seas mayor te conviertes un niño pequeño y donde si eres pequeño... creo que tus padres se las verán muy mal para sacarte de allí, porque sencillamente todo es increíble! Tiene una especie de aldea navideña con miles de cosas de navidad, miles de peluches, y miles de muñecas y juguetes... un sitio ideal donde no crecer jamás...

A parte hay varios museos, pero nosotros preferimos callejear por sus calles y curiosear por sus escaparates donde las salchichas podían parecer hasta puros... Y de hecho donde comimos un riquísimo bocadillo de salchichas que compramos directamente en una carnicería ya listo para comer.

Por la tarde, fuimos a visitar la menos conocida Dinkelsbühl que está bastante cerca de Rothenburg y es mucho menos turística pero tiene también mucho encanto, aunque es mucho más pequeña. Lo más importante de esta ciudad es la Catedral de San Jorge que es gótica tardía, la Segringer Tor, y el Mercado del Vino con un conjunto de magníficas mansiones de entramado de madera.

Lo más bonito de estos pueblos, son sus casas de color pastel, con sus tejados en pico, su entramado de madera, y que están rebosantes de flores... eso hace que tengan todas mucho encanto, al menos para nosotros.

Y tras pasear por este pueblo tan tranquilo, volvimos al coche para dirigirnos a nuestro siguiente destino, Nördlingen, al que llegamos de casualidad, ya que a mitad de camino, en un pueblo cortaban la carretera pero como no sabíamos otra alternativa, rodeamos el pueblo y así conseguimos llegar, y es que otra cosa no, pero cuando nos proponemos algo nos lo proponemos.

Nördlingen es un pueblecito medieval muy poco turístico, casi circular, y aún está rodeado por las murallas del siglo XIV. Lo que nos gustó mucho de este pueblo, es que tienen como una especie de itinerario en sus calles por lo que es muy fácil poder hacer turismo en él. Y aunque quizás no tenga grandes edificios relevantes, tiene mucho encanto y a nosotros nos gustaron mucho sus "casitas".

Y desde Nördlingen regresamos a Rothenburg donde cenamos en un restaurante típico, un plato típico de la zona con diferentes tipos de salchichas, col, y una especie de pastel de patata, acompañado claro está de cerveza. Y tan contentos, a la cama que al día siguiente nos esperaban más cosas por ver aún.

Al día siguiente tras desayunar copiosamente y decir adiós a nuestra amable señora, dejamos Rothenburg para dirigirnos hacia Füssen. De camino, paramos a visitar la Wieskirche que es un lugar de peregrinaje y Patrimonio Mundial de la Unesco. Se trata de una iglesia de estilo rococó que recrea la Resurrección de Cristo y donde según se dice hace años un granjero vio llorar una figura de Cristo.

Una vez llegamos a Füssen que está ya enclavada entre los altos picos alpinos, aunque teníamos reservado el Albergue Juvenil, como habíamos tenído tan buena experiencia en la Gasthaus, pues decidimos buscar una que era más o menos igual de precio y era mucho más cómoda. En información, vimos una que ponía que sabían alemán e italiano, así que optamos por esa para poder entendernos en italiano con ellos... pero resulta que la que sabía italiano era la mujer y quien nos atendió era el señor, pero bueno, fue muy amable y nos enseñó dos habitaciones para que eligiésemos la que más nos gustase. La que cogimos, tenía vistas a los castillos de Luis II!!! Y era una pasada de habitación y más barato que un albergue, quién ha dicho que Alemania es caro? Lo que si hacen en esta zona es cobrarte una especie de impuesto por turismo que luego te descuentan cuando vas a visitar cosas.

Tras dejar las cosas en la habitación, nos fuimos a ver los famosos palacios de Ludwing II que constituyen dos de las mayores atracciones turísticas de Alemania, y la verdad es que no es para menos porque parecen totalmente de cuento de hadas entre su forma y el sitio tan idílico en el que se encuentran. De hecho el de Neuschwanstein sirvió de inspiración a Walt Disney para el de la Bella Durmiente.

Nos acercamos en coche hasta ellos, el de Hohenschwanstein (que era de sus padres) está más cerca, y nos acercamos a verlo de pasada, pero el de Neuschwanstein está más inaccesible asi que para la primera tarde nos conformaremos con verlo de lejos, que no es poco. Cerca de allí, está el lago Alpsee, así que nos sentamos un rato en banco admirando las vistas mientras leemos cosas sobre este rey loco que le daba por construrir palacios de cuento y por vivir una vida aparte de la realidad del mundo, y que por lo que cuentan estaba enamorado de Wagner y terminó suicidándose o asesinado en extrañas circunstancias y medio arruinado, por lo que el castillo de Neuschwanstein no llegó a terminarlo del todo por dentro.

Y desde allí, tras informarnos de los horarios y precios de los castillos, nos vamos a ver Füssen que es una ciudad tranquila y también parte de la Ruta Romántica. Se notaba que ya era tarde y ya no había casi turistas por las calles, lo que nos pareció muy curioso fue la Hohe Schloss o antigua residencia de verano de los obispos de Ausburgo, donde el patio interiores una obra de arte ilusionista ya que tuvimos que mirar dos veces para darnos cuenta que los miradores y ventanas, no eran lo que parecían, sino que estaban dibujados!

Y cansaditos de no parar, nos fuimos a nuestro Gasthaus Charlotte, donde nos preparamos un bocadillo para cenar y nos tomamos un vasito de vino en el balcón mientras contemplábamos los bellos castillos del "Rey Loco"... y a descansar...

Al día siguiente, bajamos a desayunar y al igual que en el otro Gasthaus, el desayuno era considerable y ya pudimos hablar con la señora en italiano que era muy amable. Fuimos directos a los castillos, primero a ver el de Hohenschwangau que es amarillo, y que fue reconstruido al estilo neogótico por el padre de Ludwig II. Es menos ostentoso que el otro, pero transmite más calidez y mas sensación de hogar.

Para acceder al de Neuschwanstein hay dos opciones, subir andando pero es una buena y dura caminata, o subir en coche de caballos, nosotros optamos por subir en coche de caballos, y madre mía, si que es dura la subida! Además aún así, te toca subir un último tramo final hasta el castillo.

Este castillo lo diseño el propio Ludwig II con un escenógrafo en lugar de un arquitecto, y lo construyó como un castillo medieval romántico pero no lo llegó a terminar. Fue concebido como un gran escenario en el que recrear el mundo de la mitología germana inmortalizada en las óperas de Wagner (del que estaba enamorado). Por dentro, hay pocas partes terminadas, pero las salas que están finalizadas son soberbias y majestuosas... si bien, es impensable que aquí pudiera vivir nadie porque sólo transmite opulencia y grandiosidad, nada más, pero lo que es en si la visita es impresionante.

Para sacar la típica postal del castillo hay que ir hacia lo que se llama el Marienbrücke (también es un buen caminito) y desde el puente que cruza el desfiladero, hacerla, preciosa.

Y como ya nos habíamos picado con estos dos castillos tan impresionantes, y habíamos descubierto que había un tercero no excesivamente lejos, decidimos dedicar la tarde a ir a visitarlo. Así que tras comer algo rápido, nos montamos en el coche, para ponernos rumbo a Linderhof.

Este palacio está ya fuera de la Ruta Romántica, de hecho está ya dentro de los Alpes Bávaros por lo que llegar hasta allí nos permitió ver unos paisajes increíbles. Es el más pequeño pero quizás el más impresionante de los palacios de Ludwig II, y se halla en lo alta de una escarpada colina, rodeado de elegantes jardínes franceses con caprichosos estanques, fuentes y detalles arquitectónicos. Este palacio lo utilizaba como su refugio, y la verdad es que fue un gran acierto el ir a visitarlo porque merece mucho la pena.

La mayor estancia es el dormitorio donde se plasma que le gustaba todo súper recargado, y justo enfrente tenía una ventana desde la que tenía como vista una cascada artificial para refrescar la habitación en verano y para que el rey pudiera verla desde su enorme cama. En el comedor, también se plasma la excentricidad del rey, ya que la mesa se hunde y se baja hasta la cocina para que asi pudiera comer sin tener que ver a los sirvientes!

Pero lo más sorprendente no está dentro del palacio, sino en los jardínes. Tiene un Pabellón Morisco donde el rey se vestia de oriental para acudir a diversos espectácultos, una Gruta de Venus que es una cueva artificial con un lago y estalactitas inspirado en una opera de Wagner, con luces subacúaticas y un barco en forma de concha donde se iba a inspirarse o a saber qué... Impresionante!

Y desde tanta grandiosidad, volvimos a Füssen donde cenamos en un oriental y regresamos a descansar, al día siguiente nos esperaba ya el regreso hacia casa...

Tras pagar en la Gasthaus Charlotte y recoger todo, partimos para abondonar Alemania y poner rumbo a España. Nos hicimos un poco de lío con las carreteras, por lo que atravesamos, casi toda la Selva Negra, con lo que el paisaje fue muy bonito pero el avance muy lento... al final conseguimos llegar a dormir a Clermont Ferrand en Francia, donde dormimos en hotel tipo Ibis de carretera, que estábamos muy cansados.

Al día siguiente, tras parar a comer en Irún, seguimos nuestro viaje hasta Valladolid, nuestra aventura por ahora había finalizado.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola
Me llamo Paulina y me parecio muy interesante lo que cuentas de la ruta romantica, la verdad es que no habia escuchado de que se trataba, y como vivo en Berlin me gustaria mucho hacer ese viaje. Queria perdirte porfavor, si es posible que me envies el dato de ese albergue tan lindo en Rothenburg y de algun otro que allas conocido en Tu viaje.
Les deseo una muy feliz navidad y un ano nuevo increible y con muchos nuevos destinos.
Gracias

ciudadanos del mundo dijo...

Hola Paulina! Muchas gracias por tu comentario y perdona la demora, pero las Navidades... ya se sabe, un poco de lío.
Nosotros te recomendaríamos que en lugar de albergues fueras a los Gasthaus que existen que son mucho más cómodos, personales y en ocasiones son más baratos que los albergues juveniles.
El de Rothenburg no estaba en dicho pueblo, sino en uno muy cercano, por lo que tendrías que coger el coche.Lo siento, hemos estado buscando a ver si teníamos el nombre,pero no lo tenemos, lo sentimos. A nosotros nos lo recomendo el albergue juvenil de Rothenburg porque en principio era donde queríamos ir, pero como no tenían sitio nos mandaron allí.
El de Fussen si que sabemos el nombre era el Gasthaus Charlotte y también estaba a las afueras del pueblo, pero las vistas eran increíbles! Desde allí se podían ver perfectamente los castillos y era una pasada de habitación y los dueños eran muy amables.
Esperamos haberte sido algo de ayuda, gracias por tu visita!
Un saludo,
María y Alberto

3vagonistas dijo...

Está completisimo tu blog sobre Alemania, la verdad es que yo no me animo a hacer un blog así, no creo que estuviera a la altura!! pero weno comparto mis vivencias, fotos y opniniones en una comunidad de viajes que está muy bien: Trivago!, ademas puedes ayudar a los futuros viajeros a treves de tus opiniones y fotos!

Enhorabuena por el blog! salu2

ciudadanos del mundo dijo...

Gracias 3vagonistas. Intentamos hacer lo que podemos... para nosotros es bonito recordar nuestros viajes y nos encanta poder ayudar a quienes puedan sentir nuestras mismas inquietudes. Un saludo y gracias de nuevo