4 abr. 2009

Diario de nuestro viaje a Rumania V


DIA 8:
Nos levantamos en medio del silencio, aunque con bastante luz. Salimos de Sighisoara camino de la región de Maramures para visitar sus iglesias de madera, admirar sus magníficos paisajes y disfrutar de sus gentes que aún conservan un folklore muy rico. Habíamos decidido la tarde anterior, hacer una parada a mitad de camino y visitar Cluj-Napoca que nos pareció el sitio más interesante.
De Sighisoara a Targu Mures, la carretera nos llevó por preciosos paisajes de media montaña, con pueblos de estilo sajón a los lados de la carretera. El camino desde Targu Mures Cluj-Napoca es más cómodo, ya que la carretera tenía menos curvas y se podía ir más rápido. Pasamos por algunos pueblos que estaban muy deprimidos, muchos de ellos porque en otra época tenían grandes fábricas de hierro, acero o minerales, y en esos momentos las fábricas estaban cerrradas... lo que les daba un cierto aire fantasmal a los pueblos, entre las fábricas abandonadas y las casas de los trabajadores depauperadas.
En la zona ya cercana a Cluj-Napoca, se nota que van cambiando las casas, y es que ahí la influencia es magiar (húngara), por lo que las casas tienen como un doble tejado y no son tan palaciegas como la de los ricos comerciantes sajones que se veían por Brasov.
Ya en Cluj-Napoca, entramos directos hasta el centro de la ciudad. Es un ciudad grande de 350.000 hab. pero su centro tenía una cadencia de pequeña ciudad de provincias. Dejamos el coche en la Plaza Central, junto al lateral del monumento más importante, la Iglesia de San Miguel que es de estilo gótico y tiene una torre impresionante de 80m (la más alta de Rumania).
La Plaza Unirii está rodeada de bellos edificios renacentistas. Entramos en la Iglesia de San Miguel pero estaban celebrando una boda, por lo que no pudimos observarla con mucho detalle. Junto a la Iglesia hay una estatua ecuestre de Matías Corvino, rey de Hungría que nació en esta ciudad y en la que hay una amplia comunidad húngara.
Paseamos por una amplia avenida de bonitos edificios modernistas, hasta la Plaza Avran Iancu, donde está la Catedral Ortodoxa y una estatua de este señor. Bajamos por unas calles, para visitar la Iglesia Reformarda y el Bastión de los Tejedores, el mejor conservado de los que tenía la antigua ciudad amurallada. Paseamos también por una calle que nos llevó a la Iglesia Franciscana y a la casa natal de matías Corvino.
Como no veíamos nada que nos motivase para comer, decidimos coger el coche y salir a las afueras, donde encontramos un mega centro comercial. Nos resultó muy chocante ver este centro comercial súper lujoso en un país en el que, a nuestro humilde juicio, aún quedan muchas cosas por hacer... pero bueno, así es el mundo capitalista y de la globalización, para bien o para mal. Como buenos "globalizados", nos apetecía una pizza, así que comimos en el Pizza Hut y ya con la tripa llena seguimos ruta hacia Maramures.

La carretera fue buena hasta Baia Mare, y desde allí ya estábamos cerca de Baia Sprie que era donde estaba nuestro hotel. Nos preocupamos un poco, porque pasamos de largo la ciudad y no había ninguna señalización del hotel... seguimos la carretera y nos metimos en pleno monte, donde ya encontramos un cartel que nos llevó hasta el Complex Torist Savior, que está en medio de la montaña entre árboles. La entrada era muy bonita con una puerta tallada de madera típica de la zona de Maramures. Hay pistas de tenis y un pequeño remonte para esquiar.

Como no nos pareció tan espectacular para el precio elevado que tenía, cambiamos lo previsto y decidimos pasar sólo una noche. El alojamiento son tres bloques de pisos. A nosotros nos dieron una habitación en la tercera planta, vaya suplicio para subir las maletas (la escalera era medio de caracol!). La verdad, es que nos desencantó bastante el sitio que debía ser de la época comunista... aunque el rebote más grande nos lo llevamos al ir a ducharnos y ver que no salía agua caliente! Lo peor fue al llamar a recepción y ver que pasaban un poco de nosotros, por lo que tuvimos medio que amenazar con que o lo arreglaban o nos íbamos de inmediato de allí... al final llegó el agua... no os recomendamos este sitio para nada!

Una vez conseguimos ducharnos y se nos pasó el mosqueo, fuimos a investigar las instalaciones. Había un restaurante con terraza, así que nos sentamos allí relajadamente y cenamos (un cordón blue para Alberto y na especie de revuelto de panceta, huevo, maíz y patata para María), lo mejor fue el postre, unos papanasis que estaban muy muy ricos! Y de ahí a dormir y descansar un poco...


DIA 9:
Dormimos bastante bien, se notaba que allí no había nada de ruido. Dejamos las cosas ya en el coche y nos fuimos a desayunar. El desayuno era tipo buffet, lo que más gracia nos hizó fue que en lugar de zumo, nos pusieron fanta! El desayuno era bastante abundante. Tras pagar, nos pusimos en marcha para conocer la región de Maramures.


Así que desde Baia Mare cogimos la carretera hacia Surdesti. El campo es precioso, con sus montañas y sus colinas verdes, con los montoncitos de heno tan bien colocados y las tierras tan cuidadas, muy cuco.

La iglesia de madera de Surdesti es Patrimonio de la Unesco, es del siglo XVIII y el pináculo es el más alto de Maramures (74m). Según ibamos llegando, vimos que había gente que iba como camino de la iglesia, lógico era domingo y había misa! Si podéis, ir a esta zona en domingo, es increíble!

Lo que se notaba, es que la gente era como antiguamente, vestidos de domingo y súper creyentes. Delante de la iglesia hay un cementerio, algo común en todas las iglesias de madera. Delante, tienen como un pórtico que solía estar pintado, aunque en la mayoría de las iglesias no se conserva nada. Otra característica común, es que tienen como una tira de metal que baja del campanario hasta el suelo, un pararrayos quizás?

Esperamos un rato, porque empezó la misa, ahí son católicos pero uniatas que no sabemos muy bien lo que es... para más información sobre estas creencias, pincha aquí.

Desde allí, vimos un letrero que señalaba otra iglesia Patrimonio de la Unesco, así que para allá que nos fuimos. Está en Plopis, es más pequeñita, del siglo XVIII y lo que se notaba es que ese pueblo es aún más rural y cerrado. Estaban en misa, y como es tan pequeña, había unas señoras oyéndola sentadas en el porche. Esta iglesia, tiene el interior dividido en tres: la parte de la puerta es donde están las mujeres, la del medio los hombres y luego lo que está reservado para el sacerdote. Lo curioso es que la tienen adornada con paños como en una casa. Eso sí, la gente era súper amable.

Y de nuevo en ruta, hacia Budesti. Para ello, pasamos por el Puerto de Cavnic que tiene unos paisajes alucinantes, con el valle de Mare y las montañas, precioso! Lo que resultaba genial, es que había gente haciendo picnic y tomando el sol por todos lados. Lo que nos pareció curioso, es que había una iglesia de madera en medio de la nada, como si la hubiesen dejado allí al azar...

Llegamos a Budesti, que tiene otra iglesia de madera del siglo XVII y Patrimonio de la Unesco. Este pueblo tiene mucho encanto, porque conserva un montón de casas de madera y puertas de entrada tradicionales.

Cuando estábamos mirando la iglesia que estaba cerrada, vimos pasar por la calle a señoras vestidas con la falda tradicional y el pañuelo en la cabeza. Genial! Estaban saliendo de misa e iban vestidos de domingo. Las señoras llevan falda un pelín más arriba de la rodilla, pañuelo en la cabeza y camisas como de ganchillo. Las chicas iban parecidas, pero con tonos más alegres y con unos taconazos muy altos. Y los hombres con un sombrerito de paja, camisas de ganchillo y algunos chalecos como de pelo. Una suerte que fuese domingo!

Después de admirar los trajes, nos fuimos a Ocna Sugatag que tiene otra iglesia de madera. Había un montón de gente en la carretera y era porque estaban en una mega piscina que hay en el pueblo.

Desde ahí, fuimos a Sapanta que está muy cerca de Ucrania. Para ir hasta allí, pasamos por Sighetu Marmatiei que es la ciudad grande de la zona. Lo que nos extraño, es que por las pintas no había carretera que comunicará con Ucrania, y por el mapa había dos pasos como aquel que dice en toda Rumania para Ucrania, curioso.

Por fin llegamos a Sapanta, que es donde está el Cementerio Alegre. En parte es culpa de este lugar, el que fueramos a Rumania, pues sus fotos fue lo primero que despertó nuestra curiosidad.

Este cementerio es turístico, aunque apenas había gente. Se llama Cementerio Alegre, porque después de la Segunda Guerra Mundial un artesano del pueblo empezó a hacer las cruces de las lápidas en azul y con dibujos alusivos al muerto o a su muerte, así como epitafios curiosos. Después han seguido con la tradición. Lo malo es que no entendíamos nada de lo que ponía, pero bueno.

Antes de ver el cementerio, habíamos visto un sitio que ponía restaurante, así que fuimos para allá a ver si nos daban algo de comer. Nos comimos una ensalada de repollo y unos filetes de pollo con patatas fitas, y para beber probamos la cerveza Timisoara. Todo muy rico y súper casero.

De nuevo en ruta. Paramos en Sighetu Marmatiei a comprar algo para cenar. No vimos nada para dormir que nos gustase, así que decidimos seguir. Paramos en Tisa a ver su pequeña iglesia de madera y de ahí a Barsana que tiene otra iglesia en lo alto y un monasterio.

A la iglesia no fuimos porque no estábamos seguros de cómo se iba, y fuimos directos al Monasterio. Está precioso, es más moderno, pero tiene mucho encanto con todos sus edificios de madera y al estar todo como en un inmenso jardín. Resultaba curioso ver a la gente con sus trajes típicos paseando por allí, y charlando con los popes y las monjitas.

De ahí seguimos como hacia Rozavlea, en busca de donde dormir. Preguntamos en una pensiunea de allí pero nada. En Sieu vimos una pensiunea que no estaba mal. La señora era muy graciosa y no paraba de sonreír. Nos enseñó todas las habitaciones para que eligieramos, y el baño era compartido. Y felices, pues había televisión en nuestra habitación para ver la final de la Eurocopa entre España y Alemania....

Y felices tras la victoria y por estar en un sitio tan precioso, a dormir con las persianas súper caseras pero eficaces que tenía esta pensiunea...
CONTINUARA...

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